Sin salida, el suicidio de Aaron Swartz

A los 13 años inventó algo que todavía hoy es parte fundamental de Internet: el RSS, que distribuye información a lo largo y ancho de la red. A los 24 ya había vendido su empresa, renunciado al cómodo retiro en Wired, enfrentado al intocable fundador de Wikipedia y se había convertido en un inquieto y brillante agitador por la libre circulación de información. Hasta que un día, sin violar ninguna ley ni regla, encontró la manera de descargar todo un bloque de archivos del MIT en vez de hacerlo uno por uno. Entonces, para Aaron Swartz empezó un asedio legal y una ordalía psicológica que terminó en su suicidio la semana pasada, a los 26 años.

Por Ximena Tordini

Aaron tiene 14 años. El simposio sobre la web semántica en el predio de la universidad de Stanford está por empezar. Mira a cámara. De un lado lo abraza Ted Nelson, el creador de la palabra hipertexto, del otro Douglas Engelbart, el inventor del mouse. El, en la frontera de la niñez, no les llega ni a los hombros. Es verano, todos sonríen.

Aaron tiene 24 años. Sale a un pasillo del MIT después de dejar una computadora conectada descargando archivos de la web Jstor, un repositorio de publicaciones científicas. Se tapa la cara con un casco de ciclista.

La segunda foto fue usada en la causa federal “EE.UU. versus Swartz” por la que Aaron enfrentaba un juicio, que podía llegar a costarle 4 millones de dólares y hasta 50 años de cárcel, acusado de “robar” 4,8 millones de artículos. La primera está ahora en el memorial virtual que armaron los familiares y amigos de Aaron después de su suicidio, el viernes 11 de enero.

Aaron Swartz nació en Chicago en noviembre de 1986. Todavía está online el primer mail que mandó a una lista de programadores, tenía 13 y había crecido en una casa con computadoras, conexión a Internet desde 1992 y alejada de los barrios en los que vivían sus compañeros de escuela. No tenía muchos amigos, pero sí suficiente tiempo libre para aprender cómo una lista de signos puede hacer funcionar una máquina. Son los últimos meses del año 2000, la web ya no es un valle floreciente de promesas sino un territorio escarpado y cada vez más ríspido de disputas. Durante los doce años siguientes Aaron participó de la creación del RSS, un formato de datos para distribuir la información que está en la base de los blogs y los servicios como el Reader de Gmail; fundó Reddit, una red social que funciona como un foro de intercambio de links y debate; participó en el armado del código de las licencias Creative Commons; trabajó en el desarrollo de Open Library; creó plataformas para el control ciudadano del financiamiento de los políticos; y lideró en 2012 las masivas protestas que lograron frenar la sanción de la ley SOPA.

Aaron trabajaba con el dream team de los programadores y activistas del conocimiento abierto. Habitaba ese mundo como un niño travieso, frontal, que discutía sin condescendencia hacia los mayores que lo protegían. Para algunos era problemático, para otros, desproporcionadamente brillante.

En octubre de 2006, Aaron y sus socios venden Reddit a Condé Nast Publications, la editorial dueña de Wired. Por esos días escribió en su blog unas líneas que ahora son usadas para asentar la idea de que él había pensado en suicidarse mucho antes de que la fiscalía de Massachusetts lo acosara por el asunto de los PDF descargados: “No podía soportar San Francisco. No podía soportar la vida de oficina. No podía soportar Wired. Tomé unas largas vacaciones de Navidad. Estuve enfermo. Pensé en el suicidio. Salí corriendo de la policía. Y cuando volví el lunes a la mañana me pidieron que renunciara”. La cita pertenece a un post titulado “Cómo tener un trabajo como el mío” (Kurt Vonnegut dixit) y resume la cuestión en cinco pasos: aprende, prueba, conversa, construye y la libertad. La última etapa es lo que vino después de Wired. “Entonces, luego de planificado su propio despido y cobrada su indemnización, se convirtió, a jornada completa, sin concesiones, en el más inoportuno, provocador y delicioso quilombero” (Cory Doctorow, escritor, programador).

Estamos en 2007, Aaron difunde el texto ¿Quién escribe Wikipedia? en el que polemiza con Jimbo Wales, presidente de la fundación que gestiona la enciclopedia, y un tótem al que nadie cuestiona mucho en público. Wales dice que el núcleo de Wikipedia está producido por quinientas personas que concentran la mayor cantidad de las ediciones. Swartz dice que si en lugar de contar las ediciones se considera la información relevante, los contribuyentes esenciales son miles. La diferencia en el parámetro tiene consecuencias políticas, dice Aaron. Aquellos a los que Wales considera contribuyentes menores no tienen voz y voto en los asuntos de la enciclopedia. Aaron se candidateó para integrar el comité de directores de Wikimedia. Fue rechazado.

Aaron es hiperactivo. Cuenta que no sabe decir que no a ninguna propuesta. Que siempre algo de lo que está haciendo está por implosionar. Que lo suyo no es talento, sino curiosidad por una cosa y la que está más allá y la que está más allá. Es poderoso y es frágil. Es tímido en persona y mordaz on line. Sabe escribir consignas que inspiran a los activistas: “No hay justicia en respetar leyes injustas”. Sabe escribir su melancolía: “Todo se colorea por la tristeza”. Aaron tiene grandes aspiraciones. Periodista: “¿Qué estás haciendo ahora y cuáles son tus planes para el futuro?”. Aaron: “Ahora mismo estoy trabajando en arreglar la política estadounidense”.

En 2010 decide descargar todos los documentos científicos albergados en Jstor, una web que cobra 50.000 dólares anuales de suscripción. Conecta una computadora a la red del MIT y la deja escondida en un armario. No quiebra ningún dispositivo: la descarga de los archivos estaba autorizada, sólo que Aaron utiliza un script que descarga todos los artículos juntos en vez de tener que hacer click en el comando “guardar como” uno por uno. La acción es detectada y comienzan las peripecias técnico-legales. Meses más tarde, Jstor desiste de la demanda que había presentado, el MIT no la motoriza, pero tampoco se retira. La fiscalía actúa de oficio y la convierte en una causa federal por crimen informático. En julio de 2011 Aaron es arrestado y liberado a cambio de cien mil dólares de fianza. El juicio iba a empezar en algún momento de 2013, el proceso legal estaba agotando los ahorros de Aaron.

El jueves 10 de enero a la noche, Aaron le insistió a Taren, su novia, en ir a cenar a Rincón, un bar de Lower East Side Nueva York. Comieron un sandwich de queso a la plancha y macarrones con queso, sus comidas favoritas. Al día siguiente Taren se fue a trabajar, volvió al anochecer, lo encontró muerto. Cuando le avisaron lo que había pasado, el reconocido abogado y creador de Creative Commons Laurence Lessig escribió: “Se fue hoy, llevado al límite gracias a lo que una sociedad decente sólo podría llamar acoso”.

Durante los días después de su muerte se organizó el #pdftribute en las redes sociales: cientos de académicos pusieron on line los archivos de sus investigaciones para que sean descargados libremente. En los time lime argentinos hubo algunos, pocos, académicos que plantearon que el Conicet debería establecer que los resultados de las investigaciones financiadas con dinero público deben ser de acceso público.

Los sitios se llenaron de notas y posteos y comentarios. Todos tienen algo para decir. Una congresista demócrata propuso modificar la Computer Fraud and Abuse Act, sancionada en 1984 (¡!) con la que se lo procesó por crimen informático. Su padre afirmó que “Aaron fue asesinado por el gobierno”. El MIT ordenó una investigación interna sobre la conducta de la institución en el caso. Organizaciones activistas piden que los fiscales involucrados pierdan su cargo.

Durante los meses de litigio, la fiscal Carmen Ortiz pronunció la frase que le asegurará un lugar en la historia de la discusión sobre la circulación de la cultura y el conocimiento: “Robar es robar, se utilice un comando de computadora o una palanca, ya se trate de documentos, datos o dólares”. Tim Wu, de la Escuela de Derecho de Columbia, escribió en The New Yorker: “Al igual que un pastel en la cara, el acto de Swartz era molesto para su víctima, pero no tenía consecuencias duraderas. Hoy en día, los fiscales creen que tienen licencia para tratar a los que filtran información como si fueran criminales o terroristas. En una época en que nuestras fronteras son digitales, el sistema criminal amenaza algo intangible, pero increíblemente valioso. Amenaza el vigor juvenil, la diferencia de perspectiva, la libertad de romper algunas reglas y no ser condenado o arruinado para el resto de su vida. Swartz era un excéntrico apasionado que podría haber sido uno de los grandes innovadores y creadores de nuestro futuro. Ahora nunca lo sabremos”.

AARON A LOS 14 ENTRE TED NELSON, EL CREADOR DE LA PALABRA HIPERTEXTO, Y DOUGLAS ENGELBART, EL INVENTOR DEL MOUSE.

 

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