¿La revolución online está agotada? – iEco

A comienzos de este año, el profesor estadounidense de Derecho Tim Wu publicó un libro que hace pensar: The Master Switch: The Rise and Fall of Information Empires . En él, Wu analiza la historia de las grandes tecnologías de las comunicaciones del siglo XX: teléfono, cine, radio y TV.

Y en la historia de cada una de estas tecnologías, Wu distingue un patrón recurrente, “una progresión típica de las tecnologías de la información: de hobby de alguien a producto comercial de alguien; de solución improvisada a aceitado sistema de producción; de un canal de acceso libre a un canal estrictamente controlado por una corporación o cartel, del sistema abierto al sistema cerrado. Es un recorrido tan común que parece inevitable, pero difícilmente habría parecido inevitable en los umbrales de cualquiera de las tecnologías transformadoras del siglo pasado, ya fuese la telefonía, la radio, la televisión o el cine”.

Cada una de estas tecnologías, planteaba Wu, comenzó siendo gloriosamente creativa, anárquica y no controlada . Pero al final, cada una de ellas fue “capturada” por un poder corporativo, generalmente instigado y asistido por el Estado. Y el proceso en cada caso fue el mismo: un emprendedor carismático llegó con una propuesta mejor para el consumidor –por ejemplo, un sistema unificado y la garantía de un tono de discado en la telefonía; o un flujo constante de películas de buena calidad creadas por un sistema de estudio verticalmente integrado en el caso del cine– que permitió a una corporación o cartel lograr el control del sector. La gran pregunta, según Wu, es si esto le ocurrirá a la Red.

Es una buena pregunta. Internet fue una de esas tecnologías creativas y anárquicas que hicieron nacer sueños utópicos . Su arquitectura interna –su ADN técnico, por así llamarlo– permitió una explosión de lo que Barbara van Schewick llamó “innovación no autorizada”: todo lo que hacía falta para prosperar era inteligencia, imaginación y conocimientos de software. Lo que los diseñadores de la Web crearon fue, en efecto, una máquina global de sorpresas.

En los últimos veinte años asistimos a esas sorpresas con deleite, asombro y, en ocasiones, alarma. Surgieron innovaciones de primera línea como la World Wide Web, los archivos compartidos, la VoIP (la telefonía de Internet) y el software malicioso. Esas sorpresas, a su vez, generaron otras de segundo orden. La Web, por ejemplo, sirvió de base a los buscadores, Flickr, los blogs, YouTube, Wikipedia y, más adelante, los teléfonos inteligentes y Facebook.

Ahora deberíamos ser testigos de una nueva ola de grandes sorpresas.

Pero ¿saben qué?: no hay nada a la vista. Por el contrario, asistimos a una infinita seguidilla de cambios incrementales y de copias de las ideas de otros. Si veo una sola propuesta más de un servicio online de fotos compartidas o de localización, cualquier cosa que diga “app”, o que me invite a “dar puntaje” a algo, voy a estallar.

Nos estancamos. Hay una completa ausencia de ideas. Y si quiere pruebas de ello, basta con detenerse en la epidemia nauseabunda de guerras de patentes que hoy desfigura a todo el mundo de la tecnología de la información. Lo primero que debe hacer una start-up hoy es contratar a un abogado especializado en patentes. Hace poco tuve una conversación fascinante con alguien que sabe cómo reunir a las estrellas del sector –los jefes de Google, Facebook, Amazon y demás– en un mismo lugar. Me contó cómo, poco tiempo atrás, en uno de esos encuentros, de repente se dio cuenta de que todos los presentes estaban en juicio por violación de patente, ya fuera como acusadores o como acusados por uno o más de los asistentes a la reunión.

¿Cómo nos metimos en este lío? ¿Cuánto tiempo queda? Hete aquí algunos de los claros culpables. Uno de ellos es nuestro régimen de propiedad intelectual obsoleto, el cual, en lugar de estimular la innovación, hoy es utilizado principalmente para desalentarla. Otro es nuestra incapacidad para construir la clase de infraestructura de red que podría formar la base para aplicaciones de TI realmente revolucionarias. El ancho de banda en tecnología para líneas fijas es bastante deficiente en el Reino Unido, pero es superveloz comparado con la desastrosa banda ancha móvil, como cualquier usuario de teléfono inteligente puede testificar.

Un tercer culpable son los modelos de negocio hoy dominantes en el sector, como la provisión de servicios “gratuitos” a cambio de intromisiones generalizadas en la privacidad y otros ilícitos. Como se ve en un buen gráfico en el Pinboard blog, cuanto más grandes se vuelven los servicios gratuitos, más dinero pierden, y esos ingresos tiene que generarse de alguna parte. Al final, los únicos modelos de negocios estables y éticos serán los que estén enfocados en los consumidores que pagan servicios. Y la probabilidad de que eso ocurra pronto es mínima.

Pero quizás lo que más frena la innovación es el hecho de que las tecnologías que podrían servir de trampolines a las sorpresas de la próxima generación cada vez son más cerradas y están más controladas. Facebook, por ejemplo, se armó en la Web, que es una plataforma abierta. Pero Facebook está abocado a crear un jardín amurallado desde el cual las únicas innovaciones que pueden surgir son las permitidas por sus propietarios. Lo mismo se aplica a los dispositivos con conexión a Internet que conocemos como smartphones y tablets.

Parece que somos la primera civilización en la historia que inventó una gallina de los huevos de oro … y luego la estranguló.

 

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