A dónde va nuestra basura

(Por Juan Pino) - La gestión de los residuos sólidos urbanos genera grandes costos alrededor del mundo. Poner en práctica políticas que consideren todas las etapas por las que pasan nuestros deshechos, desde su generación hasta su disposición final, será fundamental para evitar que este precio siga aumentando.
Un artículo realizado por un alumno del Taller de Redacción Periodística de Periodismo.net

Los seres humanos continuamente estamos generando nuevos deshechos que finalmente son depositados en algún terreno lejano a nuestros domicilios. Desde cáscaras de banana hasta vidrios rotos, pasando por infinidad de materiales son acumulados en rellenos sanitarios o, peor aún, en basurales a cielo abierto, sin tratamiento o separación previa.
Estos residuos contienen materias primas, como el papel, que al no ser reincorporadas al ciclo productivo provocan una ascendente explotación innecesaria de nuestros recursos naturales, con consecuencias ambientales, sociales y económicas muy negativas.
En la actualidad, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital de la República Argentina, genera aproximadamente cinco mil toneladas de basura diarias. Estos residuos finalizan su ciclo de vida en terrenos del CEAMSE –entidad que administra la basura de aproximadamente un tercio de la población del citado país-, afectando significativamente el presupuesto de la comuna, al mismo tiempo que genera condiciones ambientales adversas. Los rellenos sanitarios pueden potencialmente contaminar el agua superficial y subterránea, el aire, atraer animales vectores de enfermedades, generar olores desagradables en su entorno inmediato, provocar una devaluación en el valor de las tierras, impacto visual negativo y modificación de los atributos paisajísticos. Esta contaminación, producida por nuestros deshechos, usualmente es tolerada por las poblaciones aledañas, y son las personas que habitan esas zonas quienes se ven perjudicadas. La gente que vive en terrenos cercanos a basurales tiene mayor disponibilidad a contraer enfermedades, originando nuevos importes monetarios al Estado al momento de ser curadas, además, de provocar un alto grado de inestabilidad social.

Los seres humanos siempre hemos producido residuos, es imposible disminuir por completo los deshechos que generamos, pero, en la actualidad, el volumen ha ascendido a cantidades exorbitantes. La sociedad moderna se afana de tener más y más envases descartables, y otros productos de dudosa trascendencia. Hoy en día, existen artículos con envases que valen más del doble que el producto que contienen. Esta inmensidad de material innecesario se acrecienta en localidades con alto nivel económico, ya que, compran gran cantidad de productos empaquetados o artificiales. Generalmente, en grandes ciudades la proporción de residuos inorgánicos, como el papel, plásticos o vidrio es mayor respecto a los orgánicos, como los restos de comida, frutas y verduras. En la Ciudad de Buenos Aires la cantidad de residuos inorgánicos asciende a aproximadamente el 40% sobre el total de los deshechos.
La diferencia entre los distintos tipos de residuos es el tiempo que tardan en descomponerse, mientras que los deshechos orgánicos tardan no más de 4 meses, materiales como envases de aluminio o plásticos tardan entre 100 a 500 años en degradarse.

En su mayoría, los residuos inorgánicos –también llamados no biodegradables- pueden ser reutilizados o reciclados, permitiendo de esta forma, no solo disminuir el volumen de basura, sino también, ahorrar energía y evitar la explotación innecesaria de nuestros recursos naturales. Un ejemplo de ello es el reciclar una lata de aluminio, que equivale al ahorro de tres horas de energía; o la producción de vidrio, que al reciclarse, ahorra un 44% de energía. Profundizando el ejemplo del aluminio, comprenderemos la magnitud de los recursos que echamos por la borda al no realizar una recolección diferenciada: para generar una tonelada de aluminio se necesitan aproximadamente 4 toneladas de bauxita (mineral del que se extrae el metal); además de generar alrededor de dos toneladas de lodo altamente tóxico, que habrá que tratar posteriormente. Todo esto significa un costo ambiental y económico elevadísimo que actualmente afrontamos por no tomar conciencia de la gravedad de la cuestión.

Sin embargo, el reciclado no es la principal opción para disminuir el volumen y los costos del tratamiento de nuestros residuos. Existe un concepto mucho más amplio que abarca toda la cadena de la basura, desde sus inicios hasta la disposición final. Este concepto es denominado 3 R (reducir, reutilizar y reciclar), y fue comprendido por gran parte de los países desarrollados, que tienen sistemas de gestión integral, con premios y castigos al “cuidado” la basura por parte de los ciudadanos. Sin embargo, los distintos mecanismos monetarios que puedan ser implementados, no son los que hacen funcionar este sistema, sino el grado de conciencia que tiene la ciudadanía al respecto de la problemática situación de los residuos sólidos urbanos.

El orden de las 3 R –léase tres erres- no es casual. La principal forma de minimizar el impacto de los residuos es mediante su reducción en origen: comprando productos que no posean grandes envases y que estén elaborados con materiales que sean de rápida biodegradación. El siguiente paso es la reutilización, anteriormente se menciono que al reciclar vidrio se ahorraba un 44% por ciento de energía, sin embargo, es ridículo reciclar este material cuando se puede reutilizar. No hace muchos años el lechero pasaba por nuestras casas y retiraba las botellas vacías para luego volver a llenarlas (previa esterilización, obviamente); hoy en día, es innumerable la cantidad de envases no retornables que finalmente son depositados en los rellenos sanitarios. Por ultimo llegamos a la opción del reciclado, que aunque tiene gran importancia, es el último eslabón de la cadena.

Estamos inmersos en la cultura del usar y tirar, y en la basura de cada día están los recursos que dentro de poco echaremos en falta. Los países desarrollados ya han comprendido que este sistema esta trunco y están progresando hacia una gestión sustentable que tomé en cuenta el equilibrio entre lo que la naturaleza puede tolerar y lo que nosotros podemos generar, logrando un desarrollo ambiental, económico y social más razonable y beneficioso a corto y largo plazo.

Recuadro
Reciclado en Argentina

En los últimos años la recolección informal de residuos en la Argentina se ha acrecentado debido a la crisis económica, de la que lentamente se recupera el país.
Desde 1994, el “cirujeo” es una actividad con números propios y con un aspecto social importante. Por las calles de la capital argentina y su conurbano hay 100.000 personas que, en las primeras horas de la noche, revuelven la basura en busca de papel, cartón, vidrio, latas y metales para vender.
Sus compradores suelen ser acopiadores que almacenan los materiales en grandes depósitos. Luego los venden a empresas de reciclado que los procesan y los vuelven a vender como materia prima a las fábricas.
Para conseguir una cantidad significativa de residuos, que les permitirá ganar entre 50$ a 100$ -promedio general estimado- por semana, viajan desde sus domicilios a las áreas de la ciudad más densamente pobladas y con mayor generación de residuos. Para llegar a destino utilizan el Tren Blanco, transporte dispuesto por la empresa TBA con vagones especiales, que solo utilizan los “recuperadores urbanos”.
Estos trabajadores deben luchar día a día para ganar el pan para sus familias en condiciones insalubres debido a que no consiguen ingresar en el mercado laboral, del que fueron expulsados debido a la crisis.
En ocasiones trabajan con sus familias, expuestos a la contaminación y con una expectativa de vida de 35 años, siendo 70 años la del resto de la población argentina. Sus hijos engruesan las filas del trabajo infantil que, según informes de UNICEF, “conduce al retraso escolar o directamente al abandono, a menores ingresos en la vida adulta, a acceso a trabajos no calificados y a la reproducción de las condiciones de pobreza que originaron su deserción escolar temprana”.
La actividad de los “recuperadores urbanos” cumple un papel importante para la ciudad, cientos de toneladas de residuos son recicladas gracias a su trabajo mal remunerado. Existen planes para incorporarlos al mercado de trabajo formal, pero por ahora son sólo eso, planes.

Recuadro
Ayudar en Casa

Todos nosotros podemos contribuir a disminuir la cantidad de residuos, al fin y al cabo somos nosotros quienes los generamos.
Al hacer las compras, elijamos aquellos productos que estén menos empaquetados. Los envases familiares siempre significan menos envase por unidad y, además, cuestan menos. Otra alternativa, son los alimentos frescos, que no poseen envoltorios, y por lo general son más sanos, ricos y baratos.
Los embalajes hechos con papel o cartón son preferibles a los plásticos; siendo los alimentos presentados en bandejas de corcho blanco grandes contaminantes debido a su gran perdurabilidad en el tiempo.
Un consejo útil para las amas de casa es reutilizar los envoltorios de aluminio o films plásticos, que asimismo, como todo lo reciclado, ahorrará costos.
En fin, todos los cambios que podamos realizar en nuestros hábitos de consumo y costumbres que tiendan a disminuir la cantidad de recursos que utilizamos, no solo, beneficiaran nuestro ambiente, sino también, nuestros bolsillos.

Opinión
Por Juan Pino

La falta de conciencia ambiental por parte de los pueblos latinoamericanos no se reduce solo a la basura. Todos los ciudadanos, incluyendo a las empresas, no consideran dentro de sus planes el impacto ambiental de sus actividades. Sin embargo, en los países civilizados, ya se han dado cuenta que, lo que le hagan al ecosistema se lo hacen a ellos mismos. La preservación del ambiente ha dejado de ser una cuestión solo tratada por románticos, amantes de la naturaleza, para pasar convertirse en una pieza fundamental del desarrollo a largo plazo. El cuidado de los recursos es indispensable para lograr una proyección a futuro coherente.

Solo citando un caso se comprende lo dramático de la situación: en Argentina el uso irracional de los recursos energéticos ha llevado a una crisis del sector que aqueja a los ciudadanos y al normal funcionamiento de la industria. Independientemente de cuál fuere la estrategia que tome este país, es ineludible, que el próximo plan tendrá que tolerar una mayor eficiencia por el lado de la demanda. No se trata de consumir menos, sino mejor.

La nula conciencia ambiental de las autoridades no es déspota, sino que refleja la ignorancia de toda la población.
Campañas continuas y permanentes de formación serán indispensables para cambiar hábitos de consumo y lograr una mayor presión por parte de los ciudadanos a sus gobernantes.
Sólo una población convenientemente educada, será capaz de promover las transformaciones que atravesaron las sociedades más avanzadas.

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Categorías: salud