Pequeños castigos para molestias cotidianas

(Por Aníbal Litvin) No es para darles 15 años de prisión. No es para la silla eléctrica. Pero ¡a veces nos rompen tanto que dan ganas de darles un castigo ejemplar! Y El Código Penal no contempla ningún castigo para estos casos. Y si los contempla no se cumple. Sin embargo, un pequeño castigo no les vendría mal. Mire si no.

Limpiaparabrisas callejeros
Son molestos, maleducados e irrespetuosos. Uno les dice “no limpies, nene” y ellos te chantan la esponja o el limpiavidrios a propósito con tal de sacar una moneda. Si no les das la moneda, te dejan el vidrio sucio.
Castigo: una hora continuada de lavado de cara con su misma esponja y su misma agua y secado con su mismo secador.

Regadora de balcón superior al nuestro
Cae y cae el agua sobre nuestro balcón y ella nunca deja de regar. ¿Qué riega con tanta agua? ¿Tiene una selva? Y por más reuniones de consorcios y hasta gritos desde nuestro balcón, ella continuará arrojando litros de agua que caen sobre nosotros o nuestra ropa colgada.
Castigo: se reúne todo el consorcio y la persona, atada a una silla, recibe una hora de baldazos fríos por parte de todos los vecinos.

Tocador de bocina de auto impaciente
Apenas se puso verde y a la milésima de segundo ya toca reiteradamente la bocina estando sexto en la fila.
Castigo: Dos horas continuadas escuchando a seis barras bravas tocando sus cornetas a cinco centímetros de su oído.

Patovicas discotequeros
Empujan, pegan, no te dejan entrar, te sacan porque sí. No digo que todos los pibes se portan fenómeno en una discoteca pero estos personajes nefastos creen que porque cambiaron el cerebro por dos bíceps pueden llevarse el mundo por delante.
Castigo: cuando terminan de trabajar, a las 8 de la mañana, no dejarlos entrar a su casa. Que haya una guardia especial que les niegue el paso. Que se queden en la puerta esperando durante 12 horas seguidas sin oportunidad de sentarse. Cada hora aparecerá un grupo de muchachos que le gritarán “puto” y cosas similares sin que él pueda mover un sólo músculo, so pena de agravar el castigo.

Repartidor de estampitas en tren
Uno vuelve muerto de trabajar y de casualidad encuentra un asiento. Como el viaje es largo, uno se duerme hasta que… pasa el repartidor de estampitas y te chanta a San Cayetano en la gamba, sacándote irremediablemente de los brazos de Morfeo.
Castigo: Limpieza de los pisos de la Iglesia de San Cayetano utilizando un hisopo.

Motociclistas de pizzería que no respetan una sola ley de tránsito
Van por la vereda a velocidades increíbles. Te aparecen de contramano cuando estás cruzando la calle (Imposible verlos) No chistan, no tocan una bocina, son un desastre.
Castigo: ingestión durante 3 horas de 18 pizzas de jamón y morrones de la pizzería en donde trabajan, con sus respectivas fainás. Si no lo cumple porque revienta: reparto de pizzas en Fuerte Apache durante media hora.

Peluquero que corta como se le canta
Sufrido tanto por hombres como por mujeres. Uno le dice: quiero el pelo así, cortito en este lado, largo acá, sin que tape las orejas, etc, El “profesional” siempre dice que sí, y después termina haciendo el corte que él quiere (porque en su interior dirá “yo soy el que sabe” y nos deja siempre disconformes, puteando y esperando 5 meses -por ejemplo- para que nos vuelva a crecer el cabello.
Castigo: atado en su propia silla de peluquero, un mono con navaja le hará el corte que el animal considere más apropiado.

Dueño de perrazo sin cadena
Lo hace pasear por el barrio sin importarle si pasan chicos de dos años a los que el perro con un solo golpe los puede tirar y lastimar. Y no hablemos de morder. El dueño -que quiere más al perro que a su madre- siempre dirá: “no hace nada, es buenito”, mientras se revuelca a los mordiscones con otro perro.
Castigo: una hora en la jaula de los leones.

Estas son algunas. Se aceptan sugerencias. Y si encuentran algún castigo para quien escribe notas como éstas, bueno, habrá que aceptarlas.

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Categorías: humor