Crimen de carácter complejo

Esta es una investigación muy completa realizada por una colega salvadoreña sobre el misterioso final del poeta y revolucionario Roque Dalton. Es un trabajo que indaga en el trágico destino de Dalton, fusilado por sus propios compañeros de la guerrilla. Los testimonios de sus familiares y compañeros de entonces dan vida a una investigación profunda que ilumina zonas oscuras de los útlimos días de Dalton y explica el por qué de su muerte sin dar por acabadas las versiones que han circulado en torno a su muerte. Monti ha sido una destacada alumno del curso de Periodismo de Investigación y su compromiso y profesionalidad quedan plasmados en este trabajo.

(Por Caterina Monti) El poeta salvadoreño Roque Dalton fue asesinado en su país el 10 de mayo de 1975. Han pasado casi 30 años desde la infortunada fecha, y todavía se sigue indagando, a nivel literario y periodístico, sobre los diferentes elementos que rodean el crimen. Esto, debido a que sus asesinos no han dado declaraciones dignas de tomarse en serio, y a irregularidades en torno a la investigación formal que se hizo del mismo. En vías de desenmarañar el caso, a continuación un aporte.

Transcurre el año de 1953, y en los Tribunales del Destino se emite sentencia de muerte contra Roque Dalton García… Sí, contra ese poeta del que tanto se escribe y habla, “el hijo del millonario gringo y de la modesta enfermera salvadoreña”… ese Roque.
Transcurre el año de 1953, Roque Dalton ha partido a Chile porque quiere estudiar leyes. Su familia le ha facilitado los estudios en la Universidad de Chile y todo marcha normalmente hasta que la revista universitaria para la cual colabora le asigna una tarea, entrevistar al muralista mexicano Diego Rivera, quien se encontraba de paso por ese país participando en un Congreso de Cultura. “¿Tanto año de ser un imbécil?”, es posiblemente el pensamiento recurrente en la cabeza de Roque después de ser echado por Rivera – sin derecho a terminar la entrevista, por su calidad de “imbécil”, claro- . Dalton documenta más tarde este encuentro, “(…). Entonces él me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó. (…)”.

La provocación de Rivera activa y marca el rumbo del pensamiento político de Roque Dalton, pensamiento que su amigo y compañero de lucha política, Dr. Fabio Castillo Figueroa, califica de “claro y científico”, y a la vez pensamiento político que se convierte en el móvil principal de sus asesinos para desaparecerlo el 10 de mayo de 1975.
Antes de la conversación con Diego Rivera, Roque Dalton era un sobresaliente – y muchas veces irreverente – estudiante, católico aún, al cual le gustaba escribir y colaborar en una de las publicaciones universitarias. Políticamente, decía identificarse con los social - cristianos.
En fin, once meses dura su estadía en Chile. Regresa a su país, El Salvador, ya con algunos conocimientos marxistas. Dalton no volverá a ser el mismo. Nacen dentro de él poesía y pensamiento político, de manera simultánea e inseparables por siempre para poder existir y desarrollarse, o como se expresara al respecto la poeta Claribel Alegría, “Sus musas gemelas: poesía y lucha revolucionaria”.

Un pensamiento que no tuvo cabida
Más que el cuerpo, el objeto del exterminio, por parte de los enemigos de Dalton, fue su pensamiento político. Y enfatizo “enemigos” porque en esa categoría no sólo caben los que luchaban en contra de la Revolución Latinoamericana, para quienes ese pensamiento significaba una amenaza poderosa, sino también los asesinos que hasta la fecha se les sigue llamando “compañeros de lucha”.
Hubo, sin embargo, un verdadero amigo de lucha de Roque Dalton, cuyo testimonio aclara mucho más la posición política de Dalton, y no sólo la aclara sino que le añade un valor más al poeta revolucionario, quien no sólo quería la Revolución sino que planeó su aplicación de manera científica en el país. Su asesinato abortó el proyecto. Lo que los grupos armados de izquierda, fuertes militarmente, pero débiles intelectualmente, lograron fue una guerra de diez años que dejó una pérdida de casi 100,000 personas, daños mentales, sociales y económicos irreparables, en fin muy pocos resultados verdaderamente revolucionarios. El plan no era ese.
Ese amigo de lucha es el Doctor Fabio Castillo Figueroa, quien fue Rector de la Universidad de El Salvador de 1963 a 1967, y dice, “Sé cosas de Roque que tienen que ver con su asesinato, que nunca he comentado. Es bastante al final de su vida que tuvimos una relación más cercana. Una amistad relacionada con su participación política. Ciertamente conocí a Roque en una época muy importante de la vida, conocí las facetas importantes y no importantes en la vida de Roque, quizás la más cercana relación que tuve con él fue cuando yo era Rector en la UES. Fue el periodo en que tuve más actividad política. Cuando lo conocí detecté un error de Roque debido a su desesperación, lo que provocó su captura en 1965… por imprudente. Era un individuo de gran ingenio que usted lo puede detectar en sus libros y escritos. Muy claro políticamente. No era un bohemio como lo quieren hacer ver, era un científico. Desde que empecé a tener relación con Roque descubrí en él una persona muy inteligente, muy capaz de comprender y ver las cuestiones políticas con mucho acierto. Fue precisamente por su inteligencia, por su clara apreciación de las cuestiones políticas que ocasionaron sus criticas muy severas a las posiciones equivocadas de otros miembros de las organizaciones políticas. Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia, poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones, cosa que producía resentimientos. Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión”.
Roque Dalton viaja por primera vez a La Habana en 1961, ciudad a la que regresa a vivir por un año entre 1962 y 1963, pasa por Inglaterra y México antes de volver a El Salvador en 1964, ocasión en que es capturado, logra salir de la cárcel y se va para Praga en 1965, en donde vive hasta 1968, sin dejar de viajar por Cuba, México y posiblemente otros países. A mediados de 1968 Roque regresa a Cuba y solicita formalmente su separación del Partido Comunista Salvadoreño (PCS), quienes no coincidían con su, ya para esas alturas, sólida posición política de alcanzar la Revolución por medio de la lucha armada, el PCS seguía apostándole a las elecciones. Varios autores comentan que Roque siempre tuvo la inclinación por la lucha armada, y se habla de esta postura “violenta” cual fuera una predisposición natural en la personalidad en Roque Dalton. Nada más lejos de la verdad, y es que para entender el pensamiento político de Roque hay que entender primero que no era un hombre de consignas, sino un hombre de ciencia. Antes y después de su ruptura con el PCS, durante este largo periodo fuera del país entre 1965 y 1973, Roque Dalton estuvo de cerca y directamente involucrado con la vida política de El Salvador, y no precisamente a través del PCS.
Castillo y Dalton tienen un encuentro en Cuba, antes de 1966, “En una oportunidad, ya conocía a Roque, viajé a La Habana, lo vi inmediatamente que llegué, y en una conversación, el primer día o al día siguiente, me hizo una pregunta, que estaba relacionada con informaciones falsas sobre mi persona, y me preguntó, ‘Rector, ¿es cierto que usted fue expulsado del PCS?’. ‘No pude haber sido expulsado porque nunca fui miembro del Partido Comunista Salvadoreño’, le contesté. ‘Sí’, me dijo, ‘me parecía muy raro, error suyo, haberse hecho miembro, y error de las personas que trataron de incorporarlo’”. El doctor asegura que esa información errónea venía del PCS y que no ha sido la única vez que han lanzado informaciones falsas sobre su persona.
Es desde esa ocasión que Dalton y Castillo se dan cuenta que tenían mucha coincidencia en la evaluación de la situación política en El Salvador y en la evaluación de la actividad de los distintos grupos políticos. Eso los lleva a realizar un trabajo experimental conjunto en 1966 y 1967. “Hicimos un trabajo de evaluación de las posiciones políticas que debían ser impulsadas para el éxito de la lucha política a favor del pueblo. En 1966, tuvimos una relación interesante de análisis muy cuidadosa del planteamiento político del Partido Acción Renovadora, PAR. Juntos gestamos la campaña electoral presidencial de 1966-1967. Esa campaña tuvo un resultado muy importante determinando la orientación de sectores mayoritarios del pueblo”.
La campaña política electoral a la que se refiere Castillo estaba orientada a llevar al PAR a la presidencia, elecciones que se realizarían el 5 de marzo de 1967. Dicha campaña da inicio el 4 de noviembre de 1966, y según Castillo tenía una orientación política muy importante, la cual produjo una gran movilización nacional a tal grado que a sabiendas que no llegarían a la presidencia por esa vía, no por falta de aceptación entre las mayorías sino por la represión del gobierno, la gente aún así llegó a tener esperanzas de ganar. “Se les indicó que no debían tener esperanzas, que no era posible ganar, sin embargo mucha gente debido a la importancia de la movilización política creyó que era posible, no teniendo una compresión clara de cuál era la situación”, señala Castillo. La represión fue tan grande como se suponía iba a ser, y el 5 de marzo subió al poder Fidel Sánchez Hernández del Partido de Conciliación Nacional.
Las experiencias vividas durante ese periodo de represión son dignas de un artículo aparte. Sin embargo, cabe señalar que la conclusión más importante que se sacó de dicho proceso experimental es: las mayorías apoyan el modelo revolucionario, pero es imposible lograrlo a través de las elecciones. La organización represiva de la época, al mando del general Alberto “chele” Medrano, hombre que más tarde se comprobó pertenecer a la planilla de asalariados de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, no sólo destruyó la imprenta contratada por el PAR para imprimir su material de campaña, sino que consiguió el aval del obispo de la diócesis de San Vicente para excomulgar a todos los simpatizantes, colaboradores, en fin gente que votaría por el PAR. Además, canceló un programa de radio llamado “El despertar campesino”, entre otras actividades de represión. Aún así, indica Castillo, la gente se movilizó, y de no ser por fraude electoral, el gane era seguro. Tanto terror se le tuvo por parte del gobierno a la movilización que causó el PAR, que después de esas elecciones se canceló su registro oficial como partido político, alegando que su programa apoyaba principios “contrarios a la Constitución” tal como el plan de reforma agraria, esto según lo reportó el 17 de noviembre de 1977 un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Continúa Castillo, “Vienen las elecciones y se da fraude electoral, y la gente quedó con la impresión que el pueblo tuvo la oportunidad de ganar, pero que la represión impidió que ganara. Después de las elecciones se estableció la tesis ‘nunca vamos, por medio de las elecciones a ganar la presidencia y realizar los cambios económicos y políticos en el país’. Ese era el pensamiento. No estuvimos a punto de ganar. Muchos dirigentes estábamos claros que no se iba a ganar, pero que se haría un trabajo político de concientización de la población. Después de las elecciones continúa el trabajo político en todo el país, haciendo divulgación sobre distintos temas económicos, educacionales y políticos y en las conferencias, charlas y reuniones que hacíamos generalmente bajo techo en casa de algunos de los simpatizantes, se manifestaba el deseo de armarse para luchar y se les decía que eso no era posible, que era necesario antes tener la organización política a nivel nacional, pero la gente luchaba por rebelarse, tuvimos que contenerlos porque querían levantarse a luchas que no conducirían a nada bueno, ni a nada positivo. Esto tiene que ver con las posiciones de Roque Dalton después de las elecciones.”
Esta campaña experimental y sus resultados determinaron entonces la posición y participación política de Roque, “hay que luchar pero hay desarrollar la organización política, los fusiles no se manejan ellos solos, los fusiles tienen que ser manejados por la organización política”. Fue una posición que tomó producto de arduo estudio a través de muchos años y de un experimento concreto como fue la campaña del PAR durante 1966-1967 y los resultados electorales en 1967. No es casualidad su decisión de separase definitivamente del PCS en 1968, y no se trató de un “arrebato de violencia” ingresar al Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, en diciembre de 1973. Dalton ingresó al país con el seudónimo “Julio Dreyfus”, pero se moviliza entre los miembros del ERP como “Julio Delfos Marín”.
“Entonces, para participar en la organización política de la gente es que Roque cambia de rostro, un rostro desconocido que le permitió movilizarse, vino transformado quirúrgicamente. Roque consideró que el ERP era la organización que había alcanzado un mayor desarrollo, y él formó parte de esa organización, ingresó, lo aceptaron, e hizo una lucha dentro de esa organización con una visión política correcta. Esa organización, por otro lado, nació con lo que algunos calificamos de desviación militarista, y fueron los que terminaron con la vida de Roque y con la vida de otras personas como Pancho, un obrero guatemalteco serio e inteligente”.
¿Qué buscaba Roque alcanzar a través de todo ese proceso de Revolución? La respuesta es muy sencilla y muy íntimamente expresada a través de un ejemplo concreto en una carta que Roque manda a sus hijos desde la clandestinidad antes de regresar al país quirúrgicamente transformado en 1973: “En el nuevo mundo no se dejará de estudiar más y más. Antes, con las concepciones del capitalismo un muchacho entraba a estudiar medicina, por ejemplo, para hacerse una posición social, salía de la Facultad con el título que lo capacitaba para poner una clínica y dedicarse a ganar dinero a costa de las enfermedades. A partir de entonces su estudio era simplemente para ponerse al día, para no perder prestigio al quedarse atrás, etc. Esa concepción ya no sirve. (…). El médico revolucionario no se puede conformar con el título, sino que deberá estar listo para enfrentar los problemas todos de la salud de su pueblo: seguirá siendo siempre un estudioso, un investigador.” Habría que preguntarse si sus asesinos en realidad estaban luchando por el mismo fin.
Cabe mencionar en este punto que no sólo Castillo atestigua del carácter estudioso e investigativo de Roque Dalton. El mismo Dalton recuperó la memoria de la revolución
salvadoreña de 1932, orientada por Farabundo Martí, en largas entrevistas con Miguel Mármol, uno de los pocos sobrevivientes del proceso, cuyo fruto dejó plasmado en su libro “Miguel Mármol”. Dalton estudió Antropología en la UNAM en México, además de sus estudios en Leyes en Chile y El Salvador, y se caracterizó por ser un incansable investigador de los movimientos revolucionarios alrededor del mundo. Dejó una serie de ensayos que plantean diversos temas políticos y sociales.
Fabio Castillo Figueroa vivió muchos exilios entre 1960 y 1991, año en que regresa definitivamente a El Salvador. Cuando Roque muere, él vivía en San José, Costa Rica. Su último encuentro con Roque fue en Santiago de Chile para el día de Noche de Año Nuevo de 1972. En dicha ocasión celebraron juntos la ocasión, en compañía de Regis Debray. Regis Debray no creía que El Salvador pudiera generar un movimiento revolucionario importante debido a ser un país muy pequeño; Roque y Castillo coinciden en que la lucha independiente de El Salvador no lo conseguiría, pero sí la lucha regional como Centroamérica unida. Esto explica por qué Dalton tuvo relación e intenciones de afiliación en otros partidos revolucionarios centroamericanos, como el guatemalteco Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP.

Entonces, vino el final…
Se supone que uno, dos o más disparos… en no se sabe qué parte o partes del cuerpo, acabaron la madrugada del 10 de mayo de 1975 con la vida de Roque Dalton. Su cuerpo no pudo dar testimonio de los hechos porque nunca fue encontrado, así que incluso la confirmación de su muerte se remite a los testimonios de los asesinos directos, que dicho sea de paso sólo uno de ellos, Joaquín Villalobos, ha emitido una declaración pública al respecto, en 1993, en entrevista con Juan José Dalton, periodista e hijo de Roque. Aún así, sus declaraciones, que las emite en nombre de la organización responsable, están lejos de ser precisas y esclarecedoras. “Fue una decisión de la dirección de esa época de 1975 que son, tendría que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me han quedado un par de nombres más…”. Aparte de proveer de una lista de “responsables” admite que Dalton fue fusilado, pero antes fue llevado a una especie de juicio al que califica de “juego”, en el que Dalton señalaba que estaban cometiendo un error, que debía investigarse más. Villalobos, también dijo que él estuvo presente durante la ejecución, pero no precisa quién o quiénes lo hicieron, y tampoco niega que fue él mismo. Además, admite que Dalton se opuso a su ejecución “en el sentido de señalar que no, que eso iba a ser un gravísimo error, que era una injusticia”. También confiesa que se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba, pero sin oportunidad de defenderse. “Del cuerpo no se sabe nada, es muy difícil después de tantos años… bla, bla, bla, mucho tiempo, bla, bla, bla…. porque bla bla bla… aquel momento de inmadurez, pero no fue la CIA desde afuera, no tenían esa capacidad de infiltración, bla, bla, bla, en fin un error”.
Ese fue el aporte testimonial de Joaquín Villalobos, ejecutor y/o testigo presencial del supuesto fusilamiento de Roque Dalton, y prometió que en el futuro la organización daría más luz acerca del caso, pero ya pasaron diez años desde el día de esa promesa y no lo han hecho. Por su parte Eduardo Sancho, quien estuvo con el ERP hasta el 1 de mayo de 1975, responsabiliza de la decisión a tres personas: Alejandro Rivas Mira principalmente, Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos. De ellos, como se explicó, sólo Villalobos ha dado una declaración pública en nombre de la organización. El paradero de Alejandro Rivas Mira es desconocido para el público general. Rogel está muerto. Meses después del asesinato de Roque, Rivas Mira huyó con su novia, Angélica Meardi, una ex profesora del Instituto de la Colonia Guadalupe de Soyapango, quien en su adolescencia formó parte de la Juventud del PCS. Además de llevare a su Meardi, se llevó el dinero del ERP, se calcula que un par de millones de dólares producto del secuestro de Roberto Poma. Hasta la fecha Rivas Mira no ha dado la cara ni una explicación, a lo que Eduardo Sancho le invita a hacer, dado que la organización ya lo perdonó, “Rivas Mira está vivo, él fue uno de los fundadores del ERP y jugó un papel muy importante en la primera parte, era muy inteligente, pero creo que allí tal vez falló, (en matar a Roque), y se llegó a inventar eso (las acusaciones contra Roque). El conoce todo esto y le mando y solicito que mande una carta. Nosotros lo perdonamos de antemano, desde hace muchos años, pero es necesario su testimonio”, declaró Eduardo Sancho.

Los últimos días
Se pueden reconstruir los hechos que precedieron al supuesto fusilamiento de Roque Dalton y su compañero Armando Artiga, de seudónimo Pancho, esto a través del reporte publicado por la Dirección Nacional de la Resistencia Nacional (R.N.) y la Comisión Militar de las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (F.A.R.N.) en marzo – abril de 1976, conjuntamente con algunas de las actuales declaraciones de Eduardo Sancho, segundo al mando del ERP hasta el 1º de mayo de 1975, de manera personal y a través de su libro autobiográfico “Crónicas entre los espejos”:
Cae la noche del 13 de abril de 1975. El Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, procede a la captura de Pancho, miembro del ERP y jefe del taller de explosivos. La camarilla militar del ERP provoca una situación específica para que el explosionista se comporte de manera inapropiada, dando lugar a que la misma camarilla militar juzgue el hecho como de “rebeldía militar”. Se le captura y dos horas después es arrestado Roque Dalton, conocido dentro del ERP como Julio Delfos Marín. Vladimir Rogel ordena inicialmente el arresto, el cual fue calificado de “domiciliario de dos días”. Roque regresaba de entrenar a unos obreros guerrilleros en el uso de armas cortas y granadas hechizas, las cuales debían ser entregadas al jefe de operaciones al finalizar la práctica, pero no lo hace alegando que terminó tarde el ejercicio ya que venían de unas laderas entre San Martín - Ilopango. Los arrestos se dan dentro de un ambiente tenso de debate entre dos posiciones políticas dentro de la organización, el cual se había iniciado semanas atrás. Ese mismo día, además de las dos capturas mencionadas, se decreta el arresto para los miembros de la Dirección Nacional y en menos de 24 horas se convoca a “Consejo de Guerra” contra Pancho y Roque. Alejandro Rivas Mira se autonombra “jefe político de la organización”, negando a la Dirección Nacional, la cual estaba reunida en ese momento por estado de emergencia, su capacidad y autoridad para impedirle al Estado Mayor la realización de un Consejo de Guerra. Niega a la Dirección Nacional su derecho de apelar a las bases en defensa de Pancho y Roque y lanza amenazas de muerte directas contra los miembros de la Dirección Nacional que vayan en contra de lo que dice el Estado Mayor. Hasta el momento el cargo contra Pancho es “rebeldía militar”, y en el caso de Roque incitar a Pancho a observar la actitud de “rebeldía”.
Eduardo Sancho acepta en la Comisión Militar la sanción como responsable político de Roque según el reglamento en Estado de Guerra e Insurrección, y solicita que lleven a Roque a casa de Lil Milagro Ramírez, miembro del ERP y novia de Dalton en ese momento. Pancho se queda solo en San Salvador, en el mesón donde vivía.
El Estado Mayor del ERP estaba compuesto así: Jefe del Ejército y del Partido, Alejandro Rivas Mira; segundo al mando, Eduardo Sancho; Vladimir Rogel, tercer jefe del Ejército y responsable de operaciones; Joaquín Villalobos, cuarto al mando y jefe de la zona oriental. De los cuatro, sólo Eduardo Sancho se opone contra la posición política que lidera Rivas Mira.
Al día siguiente, el 14 de abril, en “Consejo de Guerra” se solicita el ajusticiamiento inmediato de Roque Dalton por haber instigado la conducta rebelde de Pancho y además se le agrega el cargo de complotador contra el Estado Mayor. La defensa la hace Eduardo Sancho, miembro de la Dirección Nacional, y aparentemente consigue que el Estado Mayor, constituido en tribunal por autonombramiento, decida resolver penas de arresto contra Pancho y Roque.
“A las faltas de disciplina, se le agrega la de incitar a rebeldía, específicamente de incitarlo a que no obedeciera, que se insubordinara, a que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema político”, esto según contó 18 años más tarde Joaquín Villalobos en referencia a los cargos contra Roque. “Se acusa a Roque de querer perturbar el proceso de insurrección y que es una falta grave de insubordinación, de sanción pasa a insubordinación”, explica actualmente Sancho.
El 16 de abril se emite un boletín del Estado Mayor en que se informa de las capturas, el “Consejo de Guerra” y las penas de arresto decretadas contra Roque y Pancho. Por otro lado, un sector de la organización denuncia las maniobras de Alejandro Rivas Mira que ha pretendido personalmente desconocer a la Dirección Nacional y asumir la conducción política del sector, solicitando que se destituya por su actitud.
El 17 de abril se realiza la última reunión de la Dirección Nacional con el Estado Mayor, en la cual la camarilla militar toma por asalto el poder político disolviendo el organismo de Dirección bajo el argumento de que algunos miembros de ella formaban parte de una “fracción oportunista de derecha” bajo el mando de Roque Dalton. A la vez, se justificó el hecho diciendo que la camarilla y sus bases constituían la mayoría política de la organización. Se suspende la discusión política y amenazan con expulsar, desterrar o ajusticiar toda oposición y divergencia con la línea de la mayoría política.
Entre el 20 de abril y el 30 de abril el grupo que después formaría la Resistencia Nacional (RN) hace un llamado a un Congreso en el que se definiría la línea y posición estratégica. La camarilla militarista revela ante el partido que Julio Delfos Marín es en realidad Roque Dalton y lo acusan de revisionista de derecha y agente pro cubano, sin pruebas. Días más tarde, el mismo Alejandro Rivas Mira le acusa de ser lo contrario, agente de la CIA. La acusación logra causar pánico. Se aborta el plan de Congreso por entrar en estado de emergencia militar dada la grave acusación de infiltración. El Ejército asegura que se encargará de garantizar la seguridad del Partido haciéndose cargo de dicha infiltración. Rivas Mira pide de manera formal la ejecución de los dos capturados.
El único argumento que Rivas Mira presenta para acusar a Dalton de agente de la CIA fue la declaración de Salvador Cayetano Carpio, dirigente de las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, en 1973 en casa de Lil Milagro. Cayetano dijo, al saber que Roque vendría de Cuba a formar parte del ERP, ante Rivas Mira, Lil Milagro y Felipe Peña, que tenía sus reservas con Dalton, ya que el PCS, partido en el que militaron tanto Cayetano como Dalton en años pasados, afirmaba que Roque después de estar preso y salir de la cárcel en Cojutepeque en 1965 tuvo un contacto con un agente de la CIA, anécdota que el mismo Dalton contaba, alertando la participación de Estados Unidos contra el proceso de Revolución en El Salvador, anécdota que incluye en el capítulo final de su novela “Pobrecito Poeta que era yo”.
El 1º. de mayo se reúne la RN y decide separarse definitivamente de la camarilla militarista. Entre este día y el 10 de mayo se traslada a los capturados a un lugar, cuya ubicación no ha sido dada a conocer hasta la fecha.
El 8 de mayo, la camarilla decide asesinar sin ninguna consideración a los del RN. Realizan tres atentados fallidos. El 9 de mayo el ERP emite un comunicado en el que condena a la muerte o al exilio a todos los que consideran responsables políticos de la RN. Finalmente, el 10 de mayo asesinan a Roque y a Pancho, según indicaba un comunicado del ERP difundido en forma de hoja volante seis días después.

El cuerpo
Al morir como “traidores”, Roque Dalton y Pancho, corren la suerte de ser abandonados, esto según la versión “más oficial” proporcionada por la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL), quienes a solicitud de la familia Dalton en 1993 realizaron una investigación extraordinaria a la Comisión de la Verdad, Comisión que tuvo la función de aclarar los asesinatos más importantes del periodo de guerra civil en El Salvador, de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado por la guerrilla y el gobierno de Alfredo Cristiani en 1992. Dentro de lo que es la coyuntura de la Comisión de la Verdad, sin embargo, declara Villalobos, que el fueron consultados por los observadores respecto a si querían incluir el caso Dalton en la Comisión, pero asegura que no quisieron porque no sólo estaba “fuera de tiempo”, sino que era “poner el caso de Roque en medio de todos los demás”, “desnaturalizándolo y sacándolo del contexto político”, así se lo dijo a Juan José Dalton en la entrevista que le hizo en 1993. Tal consulta y tal respuesta resultaron muy convenientes para perpetuación de evasión de responsabilidades en el caso Dalton.
Según el reporte oral de la ONUSAL dado a la familia Dalton, la investigación sustentada en la recopilación de testimonios de supuestos testigos de los hechos, el asesinato se produjo en la madrugada del 10 de mayo en un terreno cerca del Playón y El Milagro de la Roca, zona de ripio volcánico que es compartida por dos jurisdicciones del departamento de La Libertad, Quezaltepeque y San Juan Opico, en donde a la vez los enterraron de manera superficial. Luego, los cuerpos fueron desenterrados por los animales y descubiertos por los lugareños, quienes llamaron a la Guardia Nacional, la cual se presentó con el Juez de Paz, y “dentro de las prácticas irregulares de la época”, fueron a dejar los restos en un hoyo cercano, cubriéndolos con ramas. Después, los perros terminaron de comerse los cuerpos. El escritor David Escobar Galindo, acompañado por Jorge Salazar, el encargado de la investigación por parte de ONUSAL, visitó el lugar del asesinato, en donde fueron vistos los cadáveres por última vez por los lugareños, y según la descripción el hecho ocurrió “seis kilómetros y medio desde el desvío del Sitio del Niño, en esa dirección hacia Quezaltepeque, y unas doscientas varas después de la entrada al autódromo El Jabalí, hay, en el lado izquierdo de la carretera, una entrada de tierra. Va en descenso, y de inmediato hay que cruzar la vía del tren, que aún se usa en este tramo. Se llega pronto al pozo de la ANDA, y el camino sigue hacia la derecha, cruzando por todo este caserío que se llama ‘Milagro de la Roca’. (…) Sobre la calle, en la esquina del cerco, a unos pocos metros de las instalaciones de la ANDA, (…) hay que escalar la pendiente, en busca del sitio en que el cerco se cierra sobre la piedra, en la parte más alta. Es cuestión, entonces, de entrar en terreno ajeno, (…). Luego de subir y bajar, entre matorrales tupidos y sobre un lecho de piedra volcánica suelta y rodadora, estamos en el lugar del crimen. Ahí, en medio, (sobre) un promontorio mediano, también de roca”.
Contra este informe Juan José Dalton tiene dos “peros”, uno grave y otro menos grave. El menos grave es sobre el lugar en que fueron asesinados. Juan José asegura que según información recibida por los ex miembros del ERP, entre ellos Eduardo Sancho, el fusilamiento no se produjo en El Playón, sino que en la casa de ubicación desconocida en donde estaban bajo arresto, “luego, los llevaron a El Playón”. El más grave “pero” es sobre la conclusión a la que llega la ONUSAL. “Un juez de paz, en lugar de tirarlos a un barranco, tendría que haberlos enterrado como desconocidos”. ¿Eran tan irregulares las prácticas judiciales en 1975 como para que un Juez de Paz haya actuado de esa manera?
El reporte oral de ONUSAL no precisa el nombre del Juez de Paz que acude en ese momento, y dicho reporte no está a disposición del público a través del centro de documentación de las Naciones Unidas en Internet, y tampoco está en existencia en la Biblioteca del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en San Salvador.
El reporte oral no especifica si el lugar pertenece a la jurisdicción de Quezaltepeque o San Juan Opico. En todo caso una investigación seria, que ameritaba un reporte oral igual de serio, debería haber seguido un proceso de recopilación de información no sólo testimonial, sino judicial. El Secretario del Juzgado del 2º de Paz de Quezaltepeque, Juan Néstor Mancía, quien ha trabajado en el Juzgado 1o. de Paz y 2º. de Paz alternamente desde 1978 en el mismo cargo, afirma que nunca ha sido abordado sobre el caso, y que tampoco los Jueces de Paz de 1975, con quienes trabajó de cerca por muchos años. “Nosotros nos enteramos del caso por las cosas que se han publicado en los periódicos, y como menciona al Juez de Paz de Quezaltepeque, aunque sin especificar nombre, me ha llamado la atención, pero nunca ni investigadores ni periodistas han venido por aquí a consultarnos, usted es la primera”, indica Mancía. A la publicación que se refiere Mancía es más específicamente a la correspondiente al domingo 11 de mayo de 2003 de la Revista Enfoques de la Prensa Gráfica, en donde cita a Juan José Dalton en referencia a que sería muy improbable que el Juez de Paz de Quezaltepeque haya tirado los cadáveres después de hallarlos, en lugar de enterrarlos. Es más, el mismo Mancía quien trabajó con los dos jueces que pudieron haber encontrado el cadáver de Roque, asegura que esa práctica (de tirarlos y no enterrarlos), “de ninguna manera se hacía. Se traían a al morgue y se ordenaba el enterramiento. Nunca, nunca hubieran hecho eso”.
Si el cuerpo fue hallado dentro de Quezaltepeque, en mayo y meses subsiguientes del año de 1975, existían dos Jueces de Paz, el primero Alfonso Antonio Sandoval y el segundo Catalino Dolores Rodríguez, el primero fallecido hace 9 o diez años y el segundo hace algunos años. Lastimosamente ni en el Cementerio General de Quezaltepeque ni en los dos Juzgados de Paz de Quezaltepeque se guardan archivos de sobreaveriguaciones o actas sobre cadáveres desconocidos correspondientes a 1975, sin embargo estos expedientes se encuentran en el Archivo General de la Corte Suprema de Justicia. Hasta la fecha de entrega de este trabajo, no se me ha permitido el acceso a los documentos sobre cuerpos desconocidos en Quezaltepeque y San Juan Opico de mayo y junio de 1975.
De haberse seguido un procedimiento regular, y de haberse encontrado los cuerpos en el lugar que señala la ONUSAL, podrían estar enterrados en algún lugar del Cementerio General de Quezaltepeque, en el cementerio Chinmico o justo al lado del lugar que fueron encontrados.

Un espacio para la CIA
El 3 de mayo de 1965 tiembla la tierra en El Salvador para desgracia de algunos, para suerte de otros, entre ellos Roque Dalton. Según documenta el periodista Jorge Pinto en su libro “El grito del más pequeño”, el temblor fue declarado terremoto, los edificios gubernamentales se rajaron y se cayeron casas marginales. Además, se caen algunas paredes de la cárcel en Cojutepeque, en donde está preso Roque, lo cual le permite escaparse.
La estadía en esa cárcel pasó a ser la más sonada entre las ocasiones que Dalton fue apresado, debido a una anécdota que contaba y que luego escribe adaptada a su novela “Pobrecito poeta que era yo”. Roque recibe la visita de un norteamericano, que describe como alto y gordo, un agente de la CIA, “de inmediato se notaba que ese hombre había tomado posesión de mi suerte y destino y desde su primera aparición trató de subrayarme esta impresión”. El agente le informó a Roque de todas las averiguaciones que la CIA había realizado en las que lo involucraban en la subversión, y su reciente retorno de Cuba.
Cabe mencionar que una visita de esta naturaleza a una persona clave en el proceso de Revolución no era cosa del otro mundo en ese momento, ya que a partir de 1960 la CIA había intensificado sus operaciones de espionaje en Latinoamérica, testimonio que han dado agentes que eventualmente fueron disidentes de dicha institución. Ya para 1963, la CIA había participado en la redacción de uno de los siete manuales utilizados por el Pentágono y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, en donde se enseñaban las técnicas de contrainsurgencia para hacer frente a los movimientos liberadores que recorrían América Latina. En dichos Manuales, desclasificados durante la administración de Bill Clinton, se explicaban los mecanismos para ejecución de enemigos, soborno a confidentes, reclutas de agentes para denuncia e infiltración, chantaje, secuestros, torturas, etc. Volviendo a Roque y su interrogatorio. El agente de la CIA le dijo que tenía todas las pruebas para ponerlo frente a los tribunales, pero que no lo iba a hacer porque un caso tan “bueno” como ese no era materia de tribunales en ninguna parte del mundo, “Si te ponemos en manos de los tribunales, tal vez podrías salvar la cabeza y coger unos treinta años de cárcel. Si te quedas en manos del ejército simplemente te van a matar y te enterraran por allí, sin que se sepa nada. Tú sabes cómo son los militares. Yo he venido a darte una salida conveniente y útil para todos”.
El agente le mostró la capacidad y alcance de espionaje que tenía la CIA para ese entonces, mostrándole su pasaporte, el cual había sido robado en La Habana, y en seguida le advirtió que él sabía de él “y de todos ustedes muchas más cosas de las que ni tú mismo sabes de ti”. Al final le dice que se reunirían otra vez en un lugar más agradable ya que tenía una oferta que le resultaría difícil de rechazar.
El segundo interrogatorio lo realiza en una de las casas del coronel Mario Guerrero. El agente le achaca una serie de cargos, de los cuales, apunta Roque, sólo se hacía responsable de dos de ellos: pertenecer al Partido y haber vivido y trabajado en Cuba. A la vez trata de sacarle información, y empiezan las amenazas de muerte. Si hablaba, el agente le promete un paraíso sobre la tierra, “Tú puedes ayudarnos a evitar la violencia comunista, antidemocrática, en tu país. Estamos a tiempo. Llegará el momento en que tus propios camaradas te lo van a agradecer lealmente, pues si los controlamos a tiempo no habrá necesidad de arrancarles la cabeza. Solamente si nos ayudas podrás vivir. Y no será una vida cualquiera, insegura, sino una vida con todas las posibilidades, con tu mujer y tus hijos, lejos de este país, México, por ejemplo, donde nosotros tenemos todos los recursos; en Francia, en Chile, en Inglaterra. Tú decides vivir como un escritor, como un estudioso, no como un delincuente”. Cuenta Roque que los interrogatorios se prolongaron por varios días, en sesiones de hasta diez horas. Después de decenas de negativas, el agente lanza su última amenaza, “Debes comprender que cuando yo digo que hay que liquidarte, hablo de hacerlo en forma total, liquidando inclusive todo buen recuerdo tuyo. (…). Tu Partido no sabe que tenemos todos este caudal de información sobre sus planes subversivos y sus contactos internacionales. Nosotros le haremos saber a tu Partido, por medio de la gente que tenemos dentro, y por otros a nuestro alcance, insospechables, que todas esta información nos la diste tu. (…). No vas a quedar como un héroe para la historia, sino como un traidor”.

Una oreja cerca de Dalton
Una persona, a quien llamaré N., se refirió de Dalton como su “amigo del alma”, y su “amigo de la juventud”. Unos cuantos años antes de morir le hizo una confesión a una persona, que tampoco identificaré por el momento, en cuanto a su trabajo como “oreja de la CIA”. He encontrado más evidencia de su colaboración con el Gobierno de Estados Unidos, sin embargo aún no la suficiente como para relacionarlo con una traición a Dalton y a más personas. En el medio se le conoció como un abogado “de izquierda” y colaborador de las causas indígenas. Varias personas atestiguan de su amistad con Dalton.

Al principio parecía claro
A Roque Dalton lo mataron por su posición política tres de los principales dirigentes del ERP, quienes, con conocimiento de causa o sin conocimiento de causa, sirvieron para cumplir la amenaza que recibió Dalton en 1965 por el agente de la CIA. ¿Estuvieron asesinos y CIA juntos en esto? No se ha probado lo contrario. Al principio, parecía más claro, bastante obvio que era así. Con el tiempo, y debido al conveniente silencio que guardan los hechores del crimen, se ha venido diluyendo esa teoría.
Veamos… Pocos días después que el ERP dio a conocer en un comunicado que habían asesinado a Roque por ser agente de la CIA, el periodista y dueño del Diario Latino, Jorge Pinto, acusó a la camarilla militarista del ERP de ser agentes de la CIA o viles judiciales al servicio del régimen, “la mayoría de los intelectuales en América participaron de mi posición”, escribe en su libro El Grito del Más Pequeño. Tal era la obsesión de Pinto con el caso Dalton que, cuenta en su libro, fue a Cuba a entrevistar a Fidel Castro, a quien le pide la opinión sobre el crimen, “A Fidel Castro se le llenó el rostro de lágrimas, se le llenó la voz de emotividad, se le quebraron las palabras para enfatizar que a Roque Dalton García sólo podrían haberlo asesinado policías del imperialismo “. En ese tiempo la posición de Aída, la que fue esposa de Dalton, también fue la misma ya que Dalton le había manifestado sus inquietudes al respecto.

“La CIA no tenía esa capacidad”
Cuando Juan José Dalton le preguntó a Joaquín Villalobos si existía la posibilidad que el enemigo de la guerrilla fue en el fondo la causante de muerte de su padre, respondió que el error fue de ellos, de la camarilla militarista del ERP, y agrega que la CIA no tenía la capacidad de llegar a ese nivel, porque si la hubiera tenido “nos acaba “.
Por otra parte, le hice a Eduardo Sancho la misma pregunta, a la que responde, “No tiene cabida, no tiene cabida, esa era una idea de los comunistas. A estas alturas es perder el tiempo con estas investigaciones. La CIA no tenía esa capacidad, tenía que ser un líder demasiado como Roque Dalton, o Rivas Mira, o como yo pues para…, pero el contexto no da para eso, no había capacidad de infiltración”. Y amplía, diciendo que para que la CIA se infiltrara en el ERP debía hacerlo a través de “un líder sumamente inteligente, capaz de manipular a los que le rodean”. Sus declaraciones se contradicen, ya que por un lado dice que no tiene cabida que la CIA se infiltrara, que sólo podía hacerlo a través de un líder top súper inteligente, pero en su libro “Crónicas entre los Espejos” escribe que Rivas Mira era una “persona inteligente súper dotada”, razón por la cual, “Roque no lo creía capaz de llegar al extremo e urdir y dar la orden de fusilarlo”. Eduardo Sancho también sugiere que “por salud mental” hay que ir olvidándose de las investigaciones de quién mató a Roque y esas cosas, “yo he planteado que no tenemos que olvidarnos de su obra, eso es lo importante, lo bueno es aclarar todo y yo creo que ya está aclarado “. Cabe la pregunta: Si ya todo está aclarado por qué todavía existe un crimen sin responsables que den cuentas de lo sucedido. Por qué todavía la familia Dalton sigue guardando la esperanza de obtener un informe serio sobre la suerte del cuerpo de su padre.
Por otra parte, no hace falta tener mucha malicia para relacionar las promesa del “paraíso en la tierra” que la CIA le hizo a Dalton en 1965 con el estilo de vida que lleva hoy Joaquín Villalobos, quien vive como respetable intelectual y mediador internacional de derecha en “un pueblecito de tiendas y tabernas pintorescas a las afueras de la antigua ciudad universitaria de Oxford, Inglaterra, en una casa preciosa, con una esposa bellísima, tres saludables hijos pequeños y un amplio jardín con manzanos rebosantes “, como apunta el periodista John Carlin en una entrevista que le hizo para El País.
De Rivas Mira se desconoce su suerte, pero ha gozado de un impresionante anonimato desde 1976. El tercer mayor responsable de la muerte de Roque, Vladimir Rogel, fue ajusticiado en 1976. No queda más que decir… por el momento. Mientras tanto, los asesinos siguen sin castigo.

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