¿No es hora de hacer algo?

(Por Darío Gianfelici) En 1995 hace su aparición un producto de revolucionaria concepción que venía a resolver la penuria habitual de los productores agrarios, acosados por los bajos rindes y los altos costos, se trataba de una variedad de soja denominada transgénica. Esta propiedad, su transgenicidad, lograda a través de la inclusión, por ingeniería genética, de un gen bacteriano, la hace resistente a glifosato, un herbicida de alta potencia que suprime todas las malezas que compiten por los nutrientes del suelo.

Desde entonces, la producción de soja crece a ritmo extraordinario. El entusiasmo de los productores hace que cada vez mas terreno sea destinado a este grano.
Consecuentemente la fumigación con glifosato, y con endosulfan el producto que controla las plagas de insectos, ha crecido también exponencialmente.
Como es habitual, nadie le explica al productor los peligros de sus acciones en pos del mantenimiento de su capital y su familia.
Tampoco le explican que mientras las multinacionales que producen la semilla transgénica, el producto químico que las fumiga, compra la producción, la exporta y distribuye en el mundo siguen haciendo escandalosas ganancias, el mercado de este cereal se achica cada vez mas. El Mercado Común Europeo ha comenzado a imponer severas restricciones a los productos transgénicos.
Tampoco le explican que endosulfan está prohibido en Colombia y otros países de América por su toxicidad en el momento de la aplicación y a distancia.
No le dicen que el suelo saturado de glifosato va a impedir cultivar soja o cualquier otra cosa si no se detiene esta espiral destructiva.
Ante la indiferencia, y la ignorancia, los aviones fumigadores sobrevuelan libre e impunemente centros poblados, cultivos orgánicos, no respetan distancias ni condiciones climáticas.
En Basabilbaso (Entre Ríos) aparecen 250 perros muertos con síntomas de intoxicación con endosulfan y un número no precisado de pollos. Los colmeneros pierden sus enjambres a cada momento porque son incluidos en la fumigación.
Los médicos estamos advirtiendo síntomas de intoxicación hepática en nuestros pacientes, desde hace cinco años se incrementa la morbimortalidad perinatal en la provincia, los embarazos anembrionados, los trastornos de la fertilidad en productores.
Esto ha sido denunciado por quien suscribe, la Secretaría de Salud lo ignora, el Colegio de Ingenieros Agrónomos se cree en la obligación de alimentar el mundo aún a costa de la salud de su propia gente, la Secretaria de la Producción esta obnubilada por la necesidad de ingresar divisas, en general nadie hace nada.
La soja avanza invadiendo campos, destruyendo la diversificación de cultivos y también la biodiversidad autóctona, el monte nativo cede ante los espacios cada vez mas amplios de cultivo, los animales y plantas pierden su hábitat pero además son envenenados y extinguidos.
Pero paralelamente comienzan a aparecer malezas resistentes a glifosato (la vida no se detiene) producto de un extraño proceso de cruce genético entre ellas y la soja.
¿Con que se van a fumigar estas nuevas especies, monstruosidades creadas por el hombre?
¿Como vamos a dominar una especie que nace con un poder invasor y una resistencia artificial?
Pregunto humildemente, con culpa también, a quienes les interesa conservar la tierra, a quienes quieren defender el medio ambiente, a quienes hemos votado para defendernos también de esto, a los medios de difusión, a los educadores, a quien le interese la herencia que va a dejar a sus hijos.¿No es hora de hacer algo?

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