Caso Blumberg: el factor humano

(por Teodoro Boot) La ley puede ser lac贸nica o frondosa, inflexible o contemplativa, r胓ida o tela de ara帽a, pero apenas es un papel garrapateado, y casi siempre tambi茅n mojado, si no es aplicada por funcionarios competentes y celosos de su deber.

Cada acto criminal, si cuenta con suficiente difusi贸n period胹tica, desencadena una discusi贸n medi谩tica sobre la “dureza” de la legislaci贸n penal, sin que casi nadie se detenga analizar cu谩nto hay en ese crimen de deficiencia legal y cu谩nto de negligencia, ineptitud y corrupci贸n policial y/o judicial. Vale decir, se confunde la norma con su aplicaci贸n: autom谩ticamente se tiende a creer que la ineptitud de los funcionarios para hacer cumplir la ley se resuelve cambiando la ley, y no cambiando o mejorando a los encargados de hacerla cumplir. Pasa en todos los 贸rdenes: si los chicos no aprenden, no faltar谩 quien proponga cambiar la ley de educaci贸n, sin reparar en que, con los mismos maestros, los mismos padres y los mismos medios de comunicaci贸n, ser谩 in煤til.

Ahora, el desencadenante de aquel recurrente “debate” fue el asesinato de Axel Blumberg y el llamamiento a una manifestaci贸n p煤blica por parte de su padre, quien se proclam贸 responsable de esa muerte por cumplir con la ley apelando a los funcionarios judiciales y policiales.

Casi por definici贸n, toda multitud es multiforme, pero es dif胏il concebir algo m谩s contradictorio que una en la que se exhiban un ex comisario torturador confeso y asesino impune por prescripci贸n de la pena, los patovicas de un empresario abocado a negocios difusos por no decir ignotos, ahorristas en d贸lares y madres de j贸venes torturados y asesinados en comisar胊s. Podr胊 decirse que la convocatoria era muy amplia, pero la naturaleza de lo convocado muestra hasta que punto era tambi茅n imprecisa. Si bien el se帽or Blumberg trat贸 de no ser manipulado, no consigui贸 evitar que los medios de comunicaci贸n dieran rienda suelta a su ya tradicional demagogia lacrim贸gena, y que cualquiera interpretara las cosas como le vino en gana, desde el se帽or Ruckauf con su sonsonete del endurecimiento de las penas hasta el Presidente de la Naci贸n, que despotric贸 contra la polic胊 en R胦 Grande.

Hasta alguien como Ruckauf, que por simple oportunismo pol胻ico abort贸 una reforma policial y se puso a pedir bala como si fuera el representante de los escuadrones de la muerte, puede en ocasiones tener raz贸n. Cuando eso sucede, hay que reconocerlo. Y Ruckauf tiene raz贸n cuando afirma que los criminales perversos (en alusi贸n a los violadores) no deben ser beneficiados con la reducci贸n de penas.

Parece llegada la hora de preguntarse si ese beneficio improcedente es otorgado por la ley o por los responsables de su aplicaci贸n.

La ley no dice que a todo preso con buena conducta se le deba reducir la condena, sino que eso es posible, a criterio del juez. Lo mismo sucede con la excarcelaci贸n de los mayores de 70 a帽os: de no ser as consagrar胊mos la absoluta impunidad de los ancianos. Sin embargo, los jueces suelen dispensar esos beneficios en forma autom谩tica, como si fuesen obligatorios y no discrecionales, sin detenerse a analizar la peligrosidad potencial de ese anciano o que los violadores saben mostrar en la c谩rcel una conducta intachable, de la misma manera que el m谩s goloso tendr胊 inevitablemente h谩bitos muy frugales dentro de un campo de concentraci贸n.

驴Qu茅 hay en esto? 驴Permisividad de la ley o negligencia de los magistrados?

Si hay un error en la ley es la de no contemplar que en gran proporci贸n los jueces son negligentes, corruptos o ineptos. Y esto sin tener en cuenta que muchos tambi茅n son holgazanes.

Pero se recurre una y otra vez a las penas, lleg谩ndose a propuestas descabelladas, como la de proponer que las personas con antecedentes tengan prohibido el uso de tel茅fonos celulares (驴se les vedar谩 tambi茅n el acceso a los locutorios?) o que los presos deban ir uniformados “para distinguirlos de las personas decentes” tal como suced胊 en el nazismo con los jud胦s, comunistas y homosexuales, o la simple y llana prohibici贸n de reducir las condenas.

Todos estos disparates y caprichos tienen origen en que se soslaya la discusi贸n de base: 驴cu谩l es el sentido y prop贸sito de la legislaci贸n penal? En toda comunidad que no pretenda autodestruirse, 茅stos son proteger a la sociedad y sancionar la falta, lo cual puede hacerse de muy diferentes maneras.

En las culturas llamadas “primitivas”, como la de los grupos de cazadores-recolectores, las faltas consideradas graves tienen una sanci贸n temible: la expulsi贸n del infractor. En tanto la naturaleza humana est谩 dada por la vida en el grupo, la expulsi贸n supone la reducci贸n del infractor a la condici贸n de animal. No es la comunidad la que se animaliza mediante el ensa帽amiento, el castigo f胹ico o la muerte de quien viola la norma, sino que se protege del infractor por su simple expulsi贸n, protege su propia condici贸n humana al abstenerse de reproducir en el reo su acto delictivo (como recurrir a la pena de muerte para castigar a un asesino) y se protege enviando una se帽al: no hay ni habr谩 impunidad, toda falta, toda conducta nociva para la supervivencia del grupo, es y ser谩 sancionada.

Este principio elemental de autoprotecci贸n mediante la sanci贸n y el no ensa帽amiento, rige para toda comunidad que no tenga conductas autodestructivas. Para toda sociedad cuyos miembros se nieguen a diluir su condici贸n humana reproduciendo conductas que atentan contra el porvenir de la especie. Sin ir m谩s lejos como permitir la impunidad de los criminales.

Al hablar de reformas de los c贸digos –necesarias, es verdad– es conveniente no olvidar este principio y tener presente que nuestras sociedades tienen muchos m谩s recursos de autoprotecci贸n que las de cazadores-recolectores, pero no cuentan con el de la expulsi贸n: no hay “afuera”, un mundo animal externo, sino otros grupos humanos.

Tambi茅n es preciso distinguir la naturaleza de los delitos, no por lo mucho o poco que nos agravien, sino por la relaci贸n que une al delito con quien lo perpetra. Y en esto el se帽or Ruckauf tiene raz贸n: hay delitos perversos que implican la existencia de delincuentes perversos, de patolog胊s de dif胏il cuando no imposible recuperaci贸n que en ning煤n caso pasan por la buena conducta en las instituciones carcelarias.

Sin embargo, el asesinato, con todo lo atroz que resulta, no es necesariamente uno de estos delitos perversos: cualquiera es capaz de matar si dispone de un arma de fuego o de un simple martillo, ya sea en situaciones l胢ite o en el transcurso de otro delito y no siendo muchas veces el homicidio un prop贸sito inicial. Pero, as como en determinadas circunstancias cualquiera puede llegar al homicidio, no todos los seres humanos son capaces de violar o torturar, ni siquiera en las peores circunstancias. Porque 驴cu谩les podr胊n ser 茅stas? Toda violaci贸n o tortura se lleva a cabo desde una situaci贸n de poder.

La violaci贸n y la tortura carecen de circunstancias atenuantes, exculpatorias o agravantes, como tienen otros muchos delitos. En todas sus gradaciones y variantes, son cr胢enes “subjetivos” que no se explican por nada (ni una pollera demasiado corta ni el hecho de que la v胏tima haya efectivamente delinquido) excepto por una psicopat胊 del criminal. Por lo que, siendo s贸lo comparables al homicidio a sangre fr胊, llama la atenci贸n la benignidad en esos casos del C贸digo Penal y la desaprensi贸n de los jueces al momento de reducir las condenas de violadores, torturadores y asesinos que act煤an con premeditaci贸n y alevos胊, se帽al inequ胿oca de que gran n煤mero de magistrados administra justicia burocr谩ticamente ydesentendi茅ndose de las consecuencias de sus actos.

Si un asesino profesional puede eventualmente cambiar de oficio, no es tan sencillo que un perverso –un violador o un torturador– cambie la naturaleza de su perversi贸n. En ese sentido, hay que darle una vez m谩s la raz贸n al se帽or Ruckauf: la ley debe proteger a la comunidad de los delincuentes perversos mejor de lo que lo hace.

Pero no todo empieza y acaba en la ley, pues, si prescindimos de su aplicaci贸n es apenas un papelito garrapateado. De nada vale modificarla, en cualquier sentido que sea, si no se la cumple debidamente. Y es bueno recordar que la muerte del joven Blumberg tuvo mucho menos que ver con la aparente debilidad de ley o el supuesto “error” paterno, que con la ineptitud y negligencia de los funcionarios p煤blicos y su muy probable complicidad con los asesinos.

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Categorías: politica