Juan Castro nos dejó con las ganas

(por Bruno Gerondi) Yo miraba Zoo con el volumen bien bajito. Se hablaba de drogas, de sexo, de marginalidad y yo tenía trece años y se suponia que un domingo a esa hora ya estaba muy dormido descansando para despertarme temprano para ir al colegio.

Sin embargo, miraba Zoo en secreto y me alucinaba. El pibe se subía a una montaña rusa para grabar una promoción sobre la iniciación sexual, tenía un DJ tocando en vivo, usaba animaciones electronicas para la apertura. Y yo que todavía no tenía bien claro que quería hacer de mi vida entendí que lo que quería hacer era ni mas ni menos que eso.

Quería ser periodista, pero no quería ser Neustadt, ni Grondona, ni los viejos que veía mi viejo. Castro llegó cuando hasta los periodistas jóvenes se estaban volviendo viejos y aburguesados.

Lanata cambió el tango de Tiempo Nuevo por Eric Clapton, y Castro bajó una generación más el periodismo en televisión: lo hizo sonar al ritmo de la música electrónica. Y los de esa generación no podriamos estar más agradecidos.

Algo que no deja de sorprenderme jamas es ver una idea hacerse realidad. Hay algo de mágico en eso de que algo que nace casi inexplicablemente en la intimidad de los pensamientos de una persona vaya tomado forma, se haga realidad y se vuelva palpable.

Y yo lo vi a Juan cuando empezaba a decir por primera vez lo que daba vueltas en su cabeza. Estaba ahi, a pocos metros, en el estudio 4 de Canal 7 cuando lo dijo por primera vez. “Tengo la idea, tengo el título, pero no lo puedo decir al aire, porque todavia no arreglé nada”.

Se lo dijo a Laura Ubfal, en secreto, mientras yo miraba tímido y curioso desde un costado del estudio. Y cuando terminó el programa, corrí a averiguar de qué se trataba.

Caos era la palabrita tan preciada (la K y el O en la ciudad llegarían después por el bendito copyright) y quizás importaba tanto porque encerraba toda una definición.

Se tenía Fe, Juan, mucha. Aunque hasta ese entonces el caos existía sólo en su cabeza. Y aunque después de Confianza Ciega muchos ya le habían firmado el parte de defunción al Castro periodista serio. Un programa de informes periodísticos, joven creo, que esbozó aquella vez.

Y meses después, seguí la historia por televisión. Y vi a esa idea hacerse fotogramas de informes provocadores. Lo veía laburando gratis los primeros meses, defendiendo la idea, y haciendo historia despues, empujando con fuerza los límites de la agenda periodística tratable en los canales grandes y familiares.

Y me fanaticé, y lo vi todos los jueves y aunque ya estaba mas grande volví a pensar lo mismo que cuando tenía 13.

Y por eso me sorprendí cuando me enteré (de la peor forma posible, por Radio 10) que el pibe al que tantos le ponían tantas fichas había encontrado motivos para renunciar a su futuro. Justo cuando Buenos Aires está empapelada de afiches con su cara en primerisimo plano anunciando un “Marzo Intenso”. A veces, el destino es más audaz que cualquier redactor publicitario y se anima macabaramente a potenciar los conceptos al mango.

Mientras las especulaciones se superponían, comenzaban los debates sobre la nada y me imaginaba a productores corriendo a buscar imágenes de archivo de Juan para pasar infinitamente por la tele, revisé los últimos fotogramas de mi vida en los que Castro tuvo algo que ver.

Lo crucé, alguna vez en alguna isla de edición entusiasmado, o en la radio, pero la ultima vez lo vi pasar mirando de reojo y desde un auto esa larga fila de sub-dicisietes que esperaban una oportunidad para trabajar en el Kaos 2004 que nunca existirá. Una fila de jóvenes, con más entusiasmo que experiencia, con nada de oficio y mucho de pasión que hoy no entienden nada o quizás entienden todo: Juan nos dejó, si, pero también nos dejó con las ganas.

(Bruno Gerondi tiene 21 años. Es periodista y creativo publicitario)

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Categorías: nostalgia