Posible impacto de la Guerra en América latina
Esta es una investigación exhaustiva sobre el destino de América latina, sus personas y recursos naturales y está basada en contenidos buscados en Internet. El autor, un joven cordobés, reunió diversas hipótesis y siguió de cerca el desarrollo de la invasión a Irak y sus consecuencias en nuestro continente. La investigación es un llamado de atención, un alerta sobre el posible destino que tiene nuestar región si continúa la política exterior estadounidense basada en la unilateralidad. Sánchez, alumno del curso de Periodismo de Investigación de Periodismo.net demuestra en este trabajo un gran profesionalismo en el uso de las fuentes provenientes de la web.
(Por Mariano Sánchez Monje) La Guerra en Irak como parte de un plan hegemónico mundial. La política expansionista de EE.UU. en América Latina.
Posibles consecuencias en la esfera económica. Importancia geopolítica y económica de Latinoamérica. La guerra mundial por los recursos. El papel de América Latina.
Índice:
1. Introducción.
2. América Latina frente a la guerra.
3. Implicancias económicas de la guerra en América Latina.
4. El plan hegemónico mundial.
4.1. El Documento Santa Fe IV pone la mira en América Latina
5. El imperio avanza contra los recursos estratégicos fundamentales de América Latina.
6. El caso de agua dulce en América Latina.
6.1. Las guerras del futuro serán por el agua.
6.2. ¿Por qué el agua?
6.3. Distribución de los recursos hídricos mundiales.
6.4. El Acuífero Internacional Guaraní.
6.5. Los glaciares.
7. Consideraciones finales.
8. Fuentes.
INTRODUCCIÓN
El último 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos, la gran potencia hegemónica en el plano militar, financiero y científico-tecnológico, sufrió el mayor ataque externo de su historia.
El World Trade Center y el Pentágono, centros neurálgicos del poder político, militar y económico del Imperio, se vieron ultrajados por el horror y la muerte. A pesar que nunca encontraron pruebas concretas, todas las miradas apuntaron al líder del terrorismo musulmán, Osama Bin Laden, y al enemigo por antonomasia que edificó Estados Unidos tras la implosión de la Unión Soviética: el Islam.
En un principio, todos los países de la Tierra ofrecieron su solidaridad para con el pueblo y gobierno del presidente George W. Bush.
Sin embargo, merced a las políticas generadas por EE.UU. para responder el ataque, poco a poco la unanimidad del apoyo se fue disolviendo.
Bush denunció un eje del mal y creó una política inédita: la guerra preventiva como estrategia para su aniquilación.
El primer objetivo que se propuso fue el Irak de un viejo conocido de George Bush padre: el dictador Saddam Hussein.
Así, el 20 de marzo de 2003, una coalición anglo-estadounidense comenzó una invasión militar sobre Irak desoyendo las voces de las Naciones Unidas y de la opinión pública internacional.
La lucha por el petróleo de la segunda reserva mundial de crudo, los negociados para la futura reconstrucción de Bagdad y otras ciudades, el choque entre dos culturas y dos fanáticos (Bush y Saddam) y la consolidación de la hegemonía mundial, estaban en marcha.
AMÉRICA LATINA FRENTE A LA GUERRA
La posición de América Latina ante la antojadiza aventura bélica que Estados Unidos llevó a cabo en Irak fue, en líneas generales, la de darle la espalda al Imperio del norte.
Los gobiernos latinoamericanos enfrentaron con distintos grados de firmeza la decisión de la Casa Blanca.
Ni siquiera dos de sus más grandes aliados económicos, Canadá y México, apoyaron el ataque estadounidense al país de “Las mil y una noches”.
Al margen de la oposición fuerte de Fidel Castro, José Inacio Lula da Silva, Hugo Chávez, y un poco más moderada de Vicente Fox, Eduardo Duhalde y Ricardo Lagos, es de destacar la gran tendencia anti-guerra expresada por la opinión pública latinoamericana, que provocó movilizaciones por la paz en muchos países al sur del Río Bravo.
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, declaró que al ataque de los Estados Unidos a Irak “le falta el respaldo de la ONU y no toma en cuenta al Consejo de Seguridad ni la opinión del resto del mundo”. Señaló que esta situación es “grave para el futuro de la ONU”.
Lula añadió que Estados Unidos “no tiene derecho a decidir por sí solo qué es lo bueno para el resto de la humanidad”.
El vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, apuntó que desatar la guerra contra Irak será “un golpe para la ONU y la paz”.
Rangel, acusó además a Estados Unidos y al Reino Unido de utilizar el conflicto bélico como una manera de presión para la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
A su vez, Cuba dijo que la actitud de Estados Unidos “vulnera el sistema de relaciones internacionales e instituciones multilaterales creados después de concluir la Segunda Guerra Mundial”.
La agencia de noticias oficial cubana describió la ofensiva como “un genocidio autorizado por Estados Unidos, con consecuencias impredecibles para el resto de la humanidad”.
Por su parte, el presidente de México, Vicente Fox, lamentó las hostilidades y se manifestó dispuesto a colaborar con la comunidad internacional en las tareas humanitarias necesarias para ayudar a las víctimas civiles del conflicto.
En Argentina, el canciller Carlos Ruckauf aseguró que su país mantenía “relaciones amistosas” con Estados Unidos, pero que se oponía “al bombardeo de la población iraquí”. “No participaremos de ninguna acción militar, ni la apoyamos”, agregó Ruckauf.
En Centroamérica, dos premios Nobel de la Paz condenaron los ataques. La guatemalteca Rigoberta Menchú y el ex presidente de Costa Rica, Oscar Arias, repudiaron la intervención. Menchú la calificó de “anticipo de un genocidio” y Arias la atribuyó a la “gran arrogancia” de EE.UU.
Las grandes excepciones fueron Colombia y cuatro naciones centroamericanas que se sumaron a la postura belicista de Washington.
Colombia expresó su respaldo a Bush. La canciller Carolina Barco justificó: “No creo que nadie quiera la guerra, pero llevamos 12 años esperando el cumplimiento por parte del gobierno de Irak”.
En el mismo tenor, los presidentes de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá emitieron un comunicado conjunto en el que “lamentan que pese a los esfuerzos de la comunidad internacional, especialmente por medio del Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno de Irak continúe incumpliendo el objetivo fundamental de la resolución 1441”, y que ha llegado el momento de desarmarse.
Esta posición en general anti-belicista, ¿qué consecuencias le traerá a América Latina?.
En la vereda de los que esperan duras represalias se encuentra la opinión del analista político colombiano de la Universidad de Los Andes, Francisco Leal Buitrago: “La consecuencia política más importante es, a mediano y largo plazo, una mayor subordinación regional a Estados Unidos. Ahora, el imperio se traga la afrenta de una Latinoamérica que no lo ha respaldado. Pero le cobrará la cuenta”. Y en el campo económico prevé “negociaciones muy duras en el ALCA”.
Ya lo dijo recientemente en un informe ante el Congreso la autoridad norteamericana de comercio, Bob Zoellick, jefe de la Oficina de Representación Comercial (USTR): ”Queremos el ALCA para defender mejor nuestros intereses”.
Esto nos da la pauta del angosto margen para negociar que tendrá América Latina en un futuro choque de intereses con los Estados Unidos.
IMPLICANCIAS ECONÓMICAS DE LA GUERRA EN AMÉRICA LATINA
La extrema dependencia económica que tiene el Cono Sur con Estados Unidos hace que los efectos de la guerra sobre las finanzas norteamericanas repercuta fuertemente en la región.
Se prevé que además del aumento en el precio del petróleo, las consecuencias perjudiciales se notarán en una caída del PBI de los EE.UU., una extremada cautela de los inversores y un sostenido proteccionismo.
La falta de liderazgo de EE.UU. se ha dejado sentir especialmente en momentos en que varios países de la región tienen serios problemas. Venezuela está inmersa en una gran polarización política, el gobierno de Bolivia se encuentra acorralado política y económicamente, la violencia en Colombia se ha recrudecido y Argentina intenta salir de una cruda crisis económica, política y social.
Estados Unidos ha buscado en América latina expresiones públicas de apoyo para contrastarlas con las posiciones de algunos de sus aliados “tradicionales” —Francia y Alemania, a quienes se han unido Rusia y China—, que se opusieron a la invasión armada en Irak.
Esto colocó en una situación incómoda a muchos países de la región, que prefirieron una solución diplomática al enfrentamiento con Irak.
El mismo presidente Bush sugirió que podría darse en EE.UU. una reacción contra los mexicanos como la que tiene lugar contra los franceses, y un diplomático estadounidense dijo a The Economist que la falta de apoyo de México en la ONU podría “provocar sentimientos negativos”.
El rigor del impacto financiero que provocará en Latinoamérica no es tan tangible aún, pero se verá alivianado seguramente debido a la corta duración que tuvo el conflicto.
Wall Street espera todavía un encarecimiento del crudo, que se podría acentuar por los daños que sufrieron los campos de petróleo de Irak. Esto perjudicaría a los países latinoamericanos, excepto a México y Venezuela, que son exportadores netos.
Además, hay que pensar que un pobre desempeño económico agudizaría los problemas políticos, ya que la paralización del crecimiento económico aumentará la disconformidad e intensa oposición al modelo económico de los gobiernos de turno.
Como si esto fuera poco, podría acentuarse aún más las desigualdades entre los diferentes estratos sociales, una situación que viene aquejando a esta región desde hace décadas.
Es que sin dudas toda guerra provoca, además de sus impactos devastadores inmediatos sobre la población y los países más afectados, distintas ondas expansivas que resienten, de una u otra forma, las relaciones entre los Estados, la disponibilidad de recursos y flujos económicos, las perspectivas de crecimiento a través del intercambio comercial y los procesos de integración y cooperación.
Por otro lado, el anuncio de la Agencia Internacional de Energía de que en caso de que no se pudiera usar el petróleo iraquí, debido a las consecuencias de la guerra, Arabia Saudita no tendría capacidad para reponer este suministro, y por consiguiente cabría esperar precios superiores, genera reacciones de alerta en muchos puntos del planeta.
Para el profesor Manuel Escudero, vice-decano para investigaciones y facultad del Instituto de Empresa, de Madrid, las principales víctimas en América Latina en el alza en los precios del petróleo en los mercados internacionales serían “países como Brasil, que es muy dependiente del petróleo, u otras economías como la chilena, que estarán sujetas a las mismas tensiones de las economías europeas, como la española, cuyos precios se han encarecido”.
Además, no es para desdeñar la idea que señala que quienes diseñan la “reconstrucción de Irak”, planean un mercado donde los agricultores estadounidenses desplacen a los productores latinoamericanos, especialmente los de la Argentina y Brasil.
Para contrarrestar todos los padecimientos que provengan como resultado de la guerra, cada país o grupo regional deberá insertarse en dicho contexto contando con sus propias capacidades y recursos para afrontar la contingencia y atenuar sus efectos domésticos.
Por otra parte, se configura un escenario que no admite políticas de aislamiento y reduce los márgenes de maniobra de los estados, sobre todo los de menor poder relativo.
El lugar desde donde los países de la región pueden defender mejor los intereses y principios de paz, democracia y cooperación hemisférica no es otro que el que América latina ha construido a lo largo de las últimas dos décadas, que se refleja tanto en los compromisos multilaterales como en los acuerdos regionales de integración.
EL PLAN HEGEMÓNICO MUNDIAL
En el interior del gobierno estadounidense, después del 11 de septiembre del 2001, se consolidó el predominio de los republicanos duros: el vicepresidente Richard Cheney, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, la Consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, Armitage, el secretario de Estado, Colin Powell, el secretario de Justicia, John Ashcroft.
Todos constituyen un grupo unificado por su visión guerrera. Todos ocupan lugares clave en el gobierno: el Departamento de Estado, de Defensa y de Justicia, la vicepresidencia y el Consejo Nacional de Seguridad.” Este núcleo selecto del poder formó parte del “Project for the New American Century” (Proyecto para el nuevo siglo estadounidense), un foro de pensamiento y acción basado en Washington que se constituyó en los últimos años del gobierno de Bill Clinton. El objetivo de esa corriente fue construir la idea de “dominación de pleno espectro” para el mundo del silgo XXI, donde EE.UU., militarmente invencible, se eleva a una posición de incuestionable superioridad que lo habilita para dictar la política mundial.
El Documento Santa Fe IV pone la mira en América Latina
El “Grupo Santa Fe” del partido republicano de los Estados Unidos, ha ido elaborando en las últimas décadas cuatro documentos básicos donde se plantean y analizan los puntos más sensibles en el ejercicio de gobierno de Washington por parte de esa corriente política.
El “Documento Santa Fe IV”, elaborado por Gordon Summer Jr., Rachel Ehrenfeld, David Foster, Sol Sanders y el geopolítico Lewis A. Tambs, plantea que los intereses estadounidenses en América Latina están dados por lo que los autores denominan “Las nueve D”: Defensa, Drogas, Demografía, Deuda, Desindustrialización, Democracia Populista, Desestabilización, Deforestación, Declinación de Estados Unidos.
En “Defensa”, el documento indica, entre otros conceptos: “Pero la cuestión clave cuando se discute la defensa del hemisferio es ¿cuál es la amenaza? Como se discutió en Santa Fe I, II y III, antes Estados Unidos enfrentaba una amenaza relativamente bien definida (N. del R.: el comunismo), que era comprensible para el americano medio. En la actualidad esta amenaza se ha vuelto infinitamente más complicada y difícil de definir”.
El informe continúa: “Pero la amenaza no se da sólo en el frente militar, como en Colombia. Es mucho más complicado. La penetración económica es especialmente preocupante. Ante todo, lo más evidente es la situación del Canal de Panamá, donde Estados Unidos ha pagado para deshacerse del premio estratégico más importante del hemisferio, sino del mundo. Al hacerlo, Estados Unidos ha puesto su futuro económico a merced de una situación política muy inestable e incierta. Los hechos son preocupantes”.
“Parecería que ha surgido en escena una nueva amenaza al hemisferio de singular fuerza: los comunistas chinos. Hicieron una aparición importante en Panamá y han reemplazado a los soviéticos en el Caribe”, agrega. Luego señala el documento: “los dos puertos, en el extremo Atlántico y Pacífico del canal, están en manos de la Compañía Hutchinson Whampoa, una empresa que tiene vínculos muy estrechos con Beijing”.
Por otro lado, en el apartado que hace referencia a “La Declinación de Estados Unidos”, el Santa Fe IV sostiene: “es preciso enfrentar la realidad de que, desde 1993, la declinación de Estados Unidos se ha precipitado”.
El informe testifica: “La historia nos dice con toda claridad que, cuando una gran potencia fracasa en valorar su interés nacional y permite que su cultura central se desgaste y sea absorbida por un sistema de valores hostil, su caída es previsible. Spengler y Toynbee han examinado este fenómeno con gran detalle. El conjunto de elementos que llevan a esta declinación son parte integral de Santa Fe IV: Defensa, Drogas, Demografía, etcétera, encabezan la lista de la nueve ‘D’ que contribuyen a la declinación de Estados Unidos. Pero lo más importante es la destrucción cultural, según la prescribe el sociólogo italiano Antonio Gramsci. Al cambiar la cultura, el cambio político y económico está virtualmente asegurado. El ‘vaciamiento’ de la capacidad militar norteamericana ha sido un proceso gradual de reducción /marchitamiento. Todos los Servicios se han visto afectados; los infantes de marina en menor grado, el Ejército en un grado mucho mayor. La administración Clinton, con su tendencia antimilitarista, ha logrado lo que nuestros enemigos más abiertos fracasaron en hacer”.
“La cultura /ética militar ha sido desgastada por el énfasis en mantener la paz y proteger la fuerza, por la ingeniería social y por una pérdida de confianza de las tropas en los civiles experimentados y en el liderazgo militar”.
“Los esfuerzos por convertir el ‘verde’ del Ejército en el ‘azul’ de las Naciones Unidas, plantean la pregunta de cuántos hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas están dispuestos a morir por la bandera de las Naciones Unidas. Estados Unidos está en una cuesta resbalosa que apunta a la pila de cenizas de la historia.
La historia y nuestros nietos nos juzgarán duramente si esto no se revierte”, concluye.
La ulterior trascripción del documento explica de alguna manera el profundo interés que posee el actual gobierno republicano de los Estados Unidos por avanzar y socavar todo “enemigo externo” que atente contra su “seguridad nacional”.
Irak, Irán, Cuba, Corea del Norte y China, por dar sólo algunos ejemplos, son claros exponentes de ese “otro” al que hace referencia el “Santa Fe IV”.
Pero esa necesidad de dominio militar, estratégico y tecnológico tiene su correlato directo en un factor esencial: el económico. Allí es donde más amenazada se ve América Latina, pues se erige ella también como una región potencialmente muy rica en recursos naturales y estratégicamente deseables a los intereses del Imperio.
Al respecto, el “Santa Fe IV”, plantea los principales elementos geoestratégicos que siguen siendo importantes para la seguridad nacional de Estados Unidos: “1. Control de los estrechos atlánticos. 2. Uso del canal de Panamá. 3. Una ruta sureña segura alrededor del Cabo de Hornos. 4. Seguridad de que los países del hemisferio no son hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional”. Además, hace referencia a que “los recursos naturales del hemisferio están disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales”.
EL IMPERIO AVANZA CONTRA LOS RECURSOS ESTRATÉGICOS FUNDAMENTALES DE AMÉRICA LATINA
La Guerra del Golfo en 1991 ya es considerada como la “primer guerra por los recursos” después del fin de la lucha por la hegemonía entre los dos bloques que marcaron la segunda mitad del siglo XX.
El evento del Golfo inspiró inclusive un libro del investigador Michael T. Klare en el que se habla, por primera vez, de un nuevo tipo de conflictos internacionales del siglo XXI. Una buena parte de la nueva geografía de las guerras de conquista y de posicionamiento, estará marcada por el control geo-estratégico de los recursos naturales fundamentales - energéticos (petróleo, gas), sistemas acuíferos (reservas de agua dulce), minerales y forestales, advirtió Klare en “Resource Wars” (La guerra por los recursos).
El conflicto bélico en Oriente Medio destruyó además el sistema de alianzas de Occidente y quebró la base de un orden internacional, basado en la existencia de las Naciones Unidas como foro de resolución de controversias por consenso.
Acertadamente, el vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, señala que “es evidente que hay un antes y un después de Irak. Además del horror de esa guerra, se ha roto un equilibrio, se ha pasado por encima del derecho internacional y se ha sepultado el multilateralismo con el que hemos convivido por más de 50 años”.
El desequilibrio de esta balanza vulnera y amenaza a los países más desprotegidos y expuestos, como los latinoamericanos.
A partir de este atropello, nada le impediría en el futuro a los Estados Unidos reforzar sus intereses en la región al límite de “chuparse” todas las riquezas de la región.
En una entrevista realizada por BBC en español, el lingüista estadounidense Noam Chomsky declaró: “En Latinoamérica EE.UU. tolerará, de hecho apoyará, cualquier sistema formal democrático, mientras tenga poca sustancia y asegure apoyo a programas políticos estadounidenses y mantenga poder de élite”.
“Si los países se salen de ese molde, como Brasil, con los instrumentos neoliberales creados en los últimos treinta años para este efecto, EE.UU. tratará de estrangular a ese país, y se asegurará que las políticas gubernamentales no obedezcan al reclamo popular, sino que respondan a los requerimientos de la banca internacional”, expresó Chomsky.
Luego fue contundente al señalar que “no es imposible que uno de los próximos objetivos de aplicación de la ahora llamada doctrina Bush de guerra preventiva sea la región andina, ya que es una fuente importante de recursos que está casi fuera de control”.
Es que las tierras al sur del río Bravo poseen mucha riqueza. Por esa razón, históricamente los EE.UU. han deseado esta parte de América. Y ahora que están acabando rápidamente con sus propio recursos, dependen mucho más de la importación de materia primas y recursos naturales. ¿Y cuál es una de las regiones fijadas como objetivo estratégico por el Imperio? Adivinó…Latinoamérica.
Al respecto, Klare, investigador de Hampshire College, sostiene que Estados Unidos afronta en el corto plazo el problema de la falta de petróleo, carbón y energía eléctrica para los próximos 20 años. Si bien elevará su capacidad de producción, también aumentará el consumo interno y el país dependerá cada vez más de las importaciones de estas materias primas.
En la actualidad recibe alrededor del 53 por ciento de sus requerimientos energéticos de fuentes extranjeras, y para 2020 se prevé que esa cifra se elevará a 62 por ciento.
Este es el origen del Plan Energético de la Administración Bush que prevé un incremento notable en las importaciones de petróleo. En este caso en particular, Bush está interesado tanto en los pozos de Oriente Medio, como en los de Venezuela, Brasil, México y Colombia.
Humberto Calderón Berti, ex secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, opina que Colombia “está en la mira porque tiene un terrorismo significativo con ramificaciones en todo el continente y se dice que hay complicidad de la guerrilla en territorio venezolano. Creo que también habrá una ofensiva en la Triple frontera”, región compartida por Argentina, Brasil y Paraguay, donde EE.UU. sospecha de la existencia de grupos que financian organizaciones árabes. Cabe señalar que allí la comunidad árabe tiene aproximadamente diez mil personas, la gran mayoría encargada de mover el sistema comercial de la zona.
En cuanto al petróleo, Venezuela es el tercer vendedor de Estados Unidos y, al igual que México, ha puesto sus reservas bajo control estatal y estableció fuertes barreras legales y constitucionales.
Klare ratificó la idea de que Estados Unidos tiene muchos intereses en la región: el mantenimiento de la estabilidad política para que sus inversiones prosperen, el desarrollo económico, el combate al tráfico ilegal de drogas y las reservas de petróleo son los elementos a tener en cuenta en este caso.
“El último punto cobró mucha significación en los últimos años bajo el plan energético de Bush”. Klare cree que sin importar lo que pase en Oriente Medio, EE.UU. buscará más petróleo en Latinoamérica porque es su política diversificar tanto como pueda las fuentes de extracción de energía. “EE.UU, necesita más petróleo en la medida que sus fuentes locales disminuyan, entonces buscará petróleo tanto en los pozos de Latinoamérica como en los del resto del mundo”.
Ya lo dijo el mismo Klare a la radio Europa Libre: “Nosotros (los EE.UU.), estimamos que el petróleo es materia de seguridad y que debemos protegerlo con todos los medios necesarios sin tomar en cuenta otras consideraciones u otros valores”.
Por su parte, Ana Esther Ceceña, investigadora mexicana de la Universidad Autónoma de México, advierte la existencia en América latina de una sugestiva cercanía entre los principales recursos naturales fundamentales y las bases u oficinas relacionadas con el gobierno de EE.UU.. Las reservas de petróleo de Venezuela, México, Guatemala y Colombia, la gran biodiversidad de Chiapas y el Amazonas; el gas de Bolivia y las reservas de agua dulce en Belice, Perú, Paraguay, Chile, Brasil, Uruguay y Argentina son monitoreados directa o indirectamente por centros policiales, militares, espaciales o de inteligencia de agencias norteamericanas.
Con respecto al agua potable, un bien escaso, la represa de Itaipú, gracias al caudaloso Paraná, produce hoy el 25 por ciento de la energía que consume Brasil. Los hielos continentales y tanto la cuenca del Río de la Plata como la del Amazonas alimentan el gran potencial de agua dulce con el que cuenta Latinoamérica.
El plan incluye al acuífero Guaraní, una inmensa reserva de aguas subterráneas que se extienden de la zona centromeridional brasileña a Argentina, Paraguay y Uruguay, coincidiendo con el Mercado Común del Sur (Mercosur). El gobierno de Bush se relame ante tamañas joyas.
Siguiendo a Ceceña, la investigadora denuncia que el gobierno norteamericano planea ejecutar presuntos programas de desarrollo e inversiones, al estilo Plan Puebla-Panamá, con los que se ofrece resolver el problema de la pobreza y desarrollar zonas atrasadas de América latina. “Pero que en realidad, están diseñados para ocultar lo que pretenden realmente”, sostiene.
En la investigación también se presenta al Plan Colombia más como una maniobra para apoderarse de las riquezas de Colombia y del Amazonas, que como una confrontación contra el narcotráfico y el terrorismo.
Con respecto a las riquezas del Amazonas, hay que decir que esta región cubre siete millones de kilómetros cuadrados, lo cual representa el 2/5 de América Latina. Posee además 1/5 de toda el agua potable del mundo, el banco genético más grande del mundo y contiene 1/3 de toda la flora del globo. En minerales tiene: oro, zinc, manganeso, 90% de Anobium del mundo, 96% de las plantas del mundo, tungsteno que es vital para la construcción de cohetes espaciales y mísiles nucleares, vegetales, madera, plantas medicinales, goma y petróleo.
Otro objetivo del Imperio es Chiapas. Allí, cerca del área administrada por los zapatistas existe un proyecto de bioprospección en el que está involucrado el gobierno de Estados Unidos, a través del International Cooperative Biodiversity Group (ICBG), un consorcio de agendas federales que incluye a los Institutos Nacionales de Salud, la Fundación Nacional de Ciencia y el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos. Este consorcio financia investigaciones en México, Perú, Chile, Suriname, Argentina, Panamá y Costa Rica, además de Madagascar, Nigeria, Camerún, Vietnam y Laos. Ceceña aclara que entre los beneficiarios de estas investigaciones no parecen estar las poblaciones locales ni los países que las albergan, sino algunas de las mayores transnacionales de la farmacéutica mundial y de la ingeniería genética, que “casualmente” son propiedad de capitales estadounidenses.
Todas estas políticas avasalladoras que se vienen dando podrían acentuarse con el correr del tiempo, más teniendo en cuenta el éxito de la aventura belicista en Irak.
El filósofo italiano Gianni Vattimo, en una visión pesimista pero no tan descabellada, sostiene: “Si no se consolida un polo occidental alternativo a los Estados Unidos, como puede ser una Europa unida, América latina no tiene esperanzas de sobrevivir como continente independiente”.
Vattimo también reconoció su confianza en “la formación de un bloque europeo-latinoamericano” capaz de interponerse en la vida del Imperio del Norte. “Estoy convencido de que la civilización europea, la solidaridad, el concepto de relaciones sociales, las múltiples formas de la vida social, el Estado de bienestar y un cierto pudor liberal, le permite imponer reglas al mercado, algo que Estados Unidos no hace. “Ese núcleo de la civilización se salvará solamente por obra de Europa y de América Latina”.
EL CASO DE AGUA DULCE EN AMÉRICA LATINA
Las guerras del futuro serán por el agua
El agua dulce destinada para el consumo humano es un bien tan preciado como escaso. Es más, su preservación y uso constituirá uno de los grandes desafíos de la humanidad en los primeros años del nuevo milenio.
Por esa razón, en el futuro las guerras o amenazas de guerras ya no sólo se darán entre las naciones por el petróleo sino por el agua. “Hoy la guerra se hace por petróleo, mañana será por el agua”, afirmó Leonardo Morelli, coordinador del brasileño Movimiento Grito de las Aguas.
Como el agua será un bien cada vez más esencial y escaso de las próximas décadas, las grandes compañías se apresuran a establecer en los tratados internacionales, como el ALCA, una serie de normas que la convertirían en una mercancía sujeta, como otras, a las leyes de la oferta y la demanda.
Lejos de constituir un “paraíso comercial y financiero”, como suele presentarse, entrar en el ALCA puede costarle a América Latina mucho más de lo que se cree y a sus habitantes un costo sin relación con los beneficios esperados y prometidos.
Aquí es preciso detenernos un instante. Si analizamos los objetivos de los tratados de libre comercio (OMC, ALCA, TLCAN y acuerdos bilaterales), encontramos que a través de estos acuerdos, se garantiza a las corporaciones del Norte el acceso libre a los mercados del Sur, eliminando toda barrera a la libre extracción de ganancias, y además, su control sobre los recursos (petróleo, agua, recursos genéticos, etc.) a través de la privatización a manos de trasnacionales con casa matriz en el Norte.
Esta estrategia de su política exterior es un intento estadounidense por competir con los mercados de la Unión Europea, Japón y China, cada vez más fuertes y amenazantes de los intereses del Imperio del Norte.
Volviendo sobre uno de los recursos naturales más preciados, la crisis mundial del agua cobrará en los próximos años proporciones sin precedentes y aumentará la creciente penuria de agua en muchos países en desarrollo, según un informe de las Naciones Unidas.
Señala el documento que los recursos hídricos disminuirán continuamente a causa del crecimiento de la población, de la contaminación y del previsible cambio climático. El Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos ofrece la visión panorámica más exhaustiva del estado del agua en nuestros días.
El estudio constituye la aportación intelectual más importante a este evento y al Año Internacional del Agua Dulce, de cuya coordinación se encargan la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.
“Ninguna región del mundo podrá evitar las repercusiones de esta crisis que afecta a todos los aspectos de vida, desde la salud de los niños hasta la capacidad de las naciones para alimentar a sus ciudadanos”, subrayó el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura. “Los abastecimientos de agua disminuyen, mientras que la demanda crece a un ritmo pasmoso e insostenible. Se prevé que en los próximos 20 años, el promedio mundial de abastecimiento de agua por habitante disminuirá en un tercio”.
“Los más afectados siguen siendo los pobres, ya que el 50% de la población de los países en desarrollo está expuesta al peligro que representan las fuentes de agua contaminadas”, agregó.
El estudio señala también que en los últimos 50 años el consumo de agua se duplicó. Los niños nacidos en países desarrollados consumen entre 30 y 50 veces más agua que los nacidos en países en desarrollo. Entre tanto, la calidad del agua sigue empeorando.
¿Por qué el agua?
La cantidad de agua del planeta se mantiene estable desde hace 5 mil millones de años, sin aumentar ni decrecer. Esta agua que hoy bebemos, es la misma que sació la sed de los dinosaurios, del Hombre de Neanderthal y de los agricultores que sembraban maíz hace 5 mil años en América. Como contrapartida, la población mundial crece a un ritmo vertiginoso, incontrolado, y es obvio que a medida que el agua potable esté menos disponible para grandes cantidades de personas, se generarán importantes tensiones y problemas.
En el pasado y, muchas veces en el presente, los seres humanos nos hemos confrontado por tierra, oro, petróleo o alimentos. Si no hacemos nada al respecto, los conflictos del futuro serán por el control del agua, ese escaso oro azul.
Por lo antedicho, no es extraño el interés de los gobiernos más poderosos por las fuentes de agua dulce latinoamericanas, como por otros recursos naturales.
Algunas consideraciones que nos llevan a entender la importancia económica y estratégica del agua dulce de América latina son las siguientes:
- La región latinoamericana es extremadamente rica en recursos hídricos. Los ríos Amazonas, Orinoco, San Francisco, Paraná, Paraguay y Magdalena transportan más del 30 por ciento del agua superficial continental del mundo.
- Si bien los ríos, lagos y humedales ocupan solamente el 1 por ciento de la superficie de la Tierra, se estima que el valor total de los servicios que prestan asciende a billones de dólares.
- La construcción de represas es la actividad que mayor efecto ha tenido en los sistemas de agua dulce. Desde la década de los años cincuenta su número ha aumentado siete veces; actualmente las presas retienen el 14 por ciento de toda la escorrentía del mundo.
- En el mundo hay por lo menos 1.500 millones de personas para quienes las aguas subterráneas constituyen la fuente principal de agua de beber. En muchas regiones la sobreexplotación y la contaminación están amenazando estas fuentes.
Distribución de los recursos hídricos mundiales :
Se estima que en el mundo existen unos 1.400 millones de km3 de agua, de los cuales 35 millones (2,5 por ciento) son de agua dulce.
Si bien el agua dulce disponible, constituye apenas 1% del agua del mundo (el resto es agua salada o agua dulce congelada), tal cantidad de líquido sería suficiente para satisfacer las necesidades de unos 18 mil millones de personas.
América Latina es un importante baluarte de los recursos hídricos del planeta, ya que cuenta con abundantes fuentes de agua no contaminada. Venezuela es el séptimo país del mundo con mayores reservas hídricas. El río Amazonas posee casi 20% del agua de todos los ríos del mundo.
El Acuífero Internacional Guaraní
El Sistema Acuífero Internacional Guaraní o el Acuífero Gigante del Mercosur es uno de los recursos hídricos subterráneos más importantes del mundo y se encuentra dentro de Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay.
Esta enorme reserva de agua americana, está constituida por una sucesión de areniscas eólicas y fluviales, correspondientes a unidades formacionales de edad Triásico-Jurásica, con espesores que pueden variar de pocos metros hasta casi los mil.
Técnicamente, las disponibilidades de agua serían suficientes para abastecer una población del orden de los 360 millones de personas, con una dotación de 300 litros diarios por habitante.
Este acuífero, con una superficie aproximada de 1.194.000 km2, se extiende por la Cuenca del Paraná en el Sudeste de Brasil (839.000 km2), y por el Este de la Cuenca Chaco-Paraná en territorio de Argentina, Paraguay y Uruguay (355.000 km2).
Las características hidráulicas de esta reserva y su potencial de recarga hacen que en Brasil y Uruguay el aprovechamiento del acuífero haya alcanzado un importante grado de desarrollo. En Brasil, muy especialmente, la utilización de las aguas subterráneas está creciendo de manera exponencial, debido a su excelente calidad para el consumo humano, industrial, hidrotermal y riego, pero sobre todo en virtud de la relación costo-beneficio, altamente favorable si se la compara con lo que demanda el tratamiento de aguas de superficie. En Argentina y Paraguay, en cambio, su explotación es más reciente y acotada a las márgenes de los ríos Uruguay y Paraná.
Los Glaciares
Otra fuente importante de agua con la que cuenta América Latina son los glaciares. Éstos se encuentran entre las mayores reservas de agua dulce al sur del río Bravo, constituyéndose en una fuente de agua para el futuro, ya que el crecimiento de la población y la consecuente contaminación de las aguas de ríos, lagos y depósitos subterráneos, disminuirá la disponibilidad de este recurso.
La distribución y dinámica del recurso agua en América es variable e inestable a través de todo el continente. América del Norte cuenta con 5.308,60 km³ de agua dulce renovable y una disponibilidad per cápita de 17.458 m³, mientras que en América Central la cantidad de agua dulce renovable es de 1.056,67 km³ y la disponibilidad de 8.084m³ per cápita. En Sudamérica, el agua dulce renovable es de 9.526,00 km³ y cuenta con una disponibilidad per cápita de 28.702 m³. Esto significa que en términos generales, el continente cuenta con recursos hídricos suficientes.
Sin embargo, el problema más crítico en América Latina es el abastecimiento de agua potable para la población, en especial para la población rural, y la lucha inminente con las transnacionales que llegan para prometer “desarrollo”.
CONSIDERACIONES FINALES
Sin querer sembrar el más mínimo temor en la sociedad, una de las ideas de este trabajo fue poner de relieve la importancia, muchas veces inadvertida o menospreciada por nuestros gobernantes, de la América latina en el contexto mundial.
También es mi propósito dejar de manifiesto cómo en este mundo unipolar movido a su antojo por los Estados Unidos, se van marcando cada vez más las desigualdades entre sus componentes. Cómo George W. Bush y su séquito diagraman guerras “ficticias” para ratificar su condición de “presidente del planeta”, tal como lo catalogara Eduardo Galeano, y así sacar provecho de ello a costa de la miseria de los demás.
Además, de qué manera nuestra América latina, siempre tan bastardeada y sometida por el Imperio del norte, puede entrar a jugar un papel importante estratégicamente dentro de lo que se dio en llamar “la guerra por los recursos”.
Si bien múltiples factores pudieron entrar en juego entre las motivaciones que tuvo la última invasión de EE.UU. a Irak (lucha contra el terrorismo, ¿liberación del pueblo irakí?, apropiación de recursos naturales como el petróleo, ganar una vía para el gas natural, demostración de hegemonía armamentista por parte de EE.UU., búsqueda de armas de destrucción masiva, etc, etc.), no cabe duda que una razón importante dentro de este marco fue la usurpación de las fuentes de riqueza por parte de Estados Unidos y sus multinacionales.
Teniendo en cuenta esto, lo indagado además dentro de los Documento Santa Fe y en el libro de Michael Klare “Resource Wars”, más la otras bibliografías consultadas en la web, opino que no es tan descabellado que el día de mañana el Gran Hermano americano pose definitivamente su mirada al sur del río Bravo para “chuparse” poco a poco todas sus riquezas. Una práctica que, con la complicidad de los gobiernos de turno, América latina está acostumbrada a sufrir desde que Cristóbal Colón pisara las actuales islas Bahamas en 1492.
En este sentido, la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que debería entrar en vigencia en 2005, es uno de los próximos temas dominantes en la diplomacia estadounidense.
Contra todo este avance aparentemente incontenible, sabios parecen los conceptos del filósofo italiano Gianni Vattimo ya vertidos en este texto: “Si no se consolida un polo occidental alternativo a los Estados Unidos, como puede ser una Europa unida, América latina no tiene esperanzas de sobrevivir como continente independiente”. Y sobre esto agregó la necesidad de “la formación de un bloque europeo-latinoamericano capaz de interponerse en la vida del Imperio del Norte”. Estas frases finales de Vattimo reflejan la mirada que humildemente pretendo destacar en este trabajo.
Fuentes:
http://www.eldiplo.org
http://www.bbc.co.uk/spanish
http://www.lanacion.com.ar
http://www.clarín.com
http://www.efe.es
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http://www.fao.org
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http://www.unl.edu.ar
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http://www.analitica.com
http://www.correodelsur.com
http://www.chasque.net
http://www.ecoportal.net
http://www.tierramerica.net
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Categorías: politica