Lo de los militares fue mundial
Al cumplirse 25 años del Mundial de Fútbol realizado en 1978 en la Argentina la editorial I-Bucs acaba de publicar (en versión de libro electrónico) el libro Lo de los militares fue mundial ¿Que 25 años no es nada? de Amílcar Romero. Se trata de una exhaustiva investigación periodística de la que aquí adelantamos un fragmento:
Con la perspectiva que da el tiempo, lo único que hizo el Mundial ‘78 fue aletargar y postergar la elucidación de temas candentes y fundamentales. Fue un recreo. Lo más rancio de la escuela positivista en filosofía nunca se preocupó en adjudicarle al deporte más importancia que tratarse de unas vacaciones de la realidad.
El fútbol signaría con su impronta insuperable a la hasta ahora dictadura más perversa y sangrienta de la historia más o menos independiente de la Argentina.
Y lo hizo de una manea peculiar. Transportada la riojana María Estela Martínez viuda de Perón, (a) Isabel, según su nom de guerre en la Escuela Científica Basilio, en una helicóptero hasta la residencia presidencial de Olivos para que juntara algunas pertenencias personales y luego en avión hasta otra residencia de esa categoría, pero en El Mesidor, en una isla en medio del Nahuel Huapi, San Carlos de Bariloche, para que disfrutara del paisaje; tomados todos los medios electrónicos de comunicación en cadena nacional y emitido el
martes 24 de marzo de 1976 el Comunicado Nº 1 que daba cuenta, con la correspondiente banda sonora de la Marcha de San Lorenzo, que el gobierno de turno no iba más, todo el país quedó pendiente del nunca bien ponderado disc jockey castrense, que abundó en sobrios temas nacionales, matizados por la repetición del primer comunicado y de alguno siguiente, hasta que de pronto, a la tarde, como el despertar de un mal sueño o el comienzo de otro peor, el partido contra Polonia de la selección argentina que dirigía técnicamente César Luis Menotti, (a) El Flaco, un ex comunista ungido a ese puesto por las 62 Organizaciones Peronistas que corporativamente habían formado parte del EAM, fue como si nada, el único hilo intacto de la continuidad y ése sería el vector. La suerte de los uniformados fue de un Mundial a otro con igual suerte: se acercó a la gloria en 1978, creyó poseerla, quedarse con ella con esa
amenaza de eternidad, y se derrumbó en 1982, cuando en el Atlántico Sur los Sea Harrier echaban abajo todos los delirios etílicos del general zalamereado por el Pentágono y en España ’82 los brasileños barrían a la blanquiceleste a despecho de la celebridad ya consagrada de Diego Maradona y también sellaban la suerte de un hasta entonces siempre oblicuo Menotti, hasta días antes el Primer Ministro del Éxito o El Quijote de la Cancha, según los apodos que fue recogiendo, y junto al todopoderoso Carlos Lacoste, los dueños del
Negocio de la Pelotita.
El Proceso de Reorganización Nacional, cuando se aproxima el momento rutilante del Mundial ’78, era todavía un toro brioso, pero que ya tenía clavadas,
a la vista de todo el mundo, varias banderillas. Lo que entonces se denominaba campaña antiargentina, algunas veces incluso en plural, para darle más melodramatismo, y que se circunscribía a la actividad llevada a cabo en Europa por muchos exiliados, inundando las redacciones y los noticieros con comunicados de prensa, denuncias y otro material referente a la Guerra Sucia que se estaba llevando a cabo y cuya etapa más letal y numerosa había culminado precisamente con los aprestos para recibir a las delegaciones y turistas extranjeros, había tenido sus efectos. Repasar algo sobre
el asunto, no siempre claro, y justo ese año.
Por lo pronto, de los planes primeros para recibir a unos 60 mil hipotéticos turistas. luego los anuncios a principios de 1978 se reducirían a la mitad y la realidad indicó que al final sólo lo hicieron poco más de 5.800. Y si bien es cierto que la presencia de Henry Kissinger no dejó de aportarle cierto brillito prestigioso a los ojos de los muchos que en todos lados miran siempre
al poder con simpatía, la realidad indicó que salvo la llegada del general Hugo Banzer Suárez, por aquel entonces presidente de Bolivia, para presenciar la final y toda la parafernalia de la consagración, hasta Augusto Pinochet Ugarte se dio el lujo de rechazar la invitación aduciendo “los compromisos de su alta investidura”.
Aunque pueda parecer paradójico no fue por parte de los llamados países comunistas donde la Junta Militar encontró mayores inconvenientes y resistencias. Los húngaros y polacos fueron los únicos intervinientes de ese sector; vinieron y se fueron sin que prácticamente nadie lo advirtiera. Los conatos más serios de boicot tuvieron por protagonistas a los alemanes occidentales y a los holandeses. Un jugador preseleccionado de este
país se negó a integrar el equipo nacional; uno de la representación alemana, ya en la Argentina, amenazó con irse un jueves a la Plaza de Mayo, con su uniforme deportivo, y dar vueltas junto a las Viejas Locas. Nada
menos que la entonces RFA, país sede de una de las multinacionales más decisivas en este tipo de acontecimientos masivos, como Adidas, y de casi toda la tecnología en telecomunicaciones, los máximos dirigentes de su delegación tuvieron que recurrir a las presiones más fuertes para sujetar al díscolo que podía llegar a producir un escándalo con previsibles consecuencias.
Para colmo, sobre todo los alemanes más jóvenes, desde que llegaron, vivían de sorpresa en sorpresa. Estaban enterados que en la localidad serrana donde
se iban a alojar había muchos compatriotas afincados desde la última gran guerra. Pero lo que no estaba en las expectativas de nadie fue que esos melancólicos teutones y sus descendientes aguardaran la llegada del
micro que los transportaba formando una doble fila, recto brazo derecho al aire con un saludo universalmente conocido, mientras con furia estremecían el aire
con viejas y marciales marchas hitleristas.
A la primera Junta Militar del Proceso de Reorganización Nacional no le fue tan bien como le podría haber ido y como el estruendo de la algarabía pudo
haber hecho creer. De todas maneras, fue un éxito hasta cierto punto
impensado, como iremos viendo, sobre todo en lo que hizo a repercusión popular y lo que esa eclosión pudo haber significado e impactado en la dichosa “imagen argentina para el exterior”, un flanco en el que la dictadura hacía agua profusamente y donde por lo menos momentáneamente pudo reflotar algo. Sin embargo, desde el inicio mismo del XIº Campeonato Mundial
de la FIFA aparecieron varios traspiés, muy serios, que no formaban parte de la bautizada campaña antiargentlna que agitaban los exiliados y que Ilevaron a la
cúpula militar del gozo de los logros del seleccionado que dirigía técnicamente César Luis Menotti (a pormenores de este hecho), al ceño fruncido por los nubarrones internos y externos que se estaban empezando a formar y a cerrarse, lo que a la postre, serían decisivos.
Otra conclusión que da la perspectiva del tiempo, con mucha mayor claridad, es que la prioridad otorgada por la Junta Militar al acontecimiento deportivo fue total y que no se escatimó en medios para sacarle el jugo hasta las últimas consecuencias. Los 583 millones de dólares estimativos del costo total, ya que jamás se rindió cuenta, y la Orden al Mérito del Libertador General San Martín colgada al cuello de Joao Havelange, presidente de la FIFA, así parecen testimoniarlo sin otras lecturas.
Si te ha gustado este post, suscríbete al feed.
Categorías: deportes