nuevos desafíos para la economía argentina en tiempos de globalización

Por Daniel Viglione(*) La eficiencia del capitalismo mas la justicia social es el camino que la argentina no ha logrado aun encontrar.

Uno de los mayores desequilibrios de poder que existe en la Tierra separa a los países ricos de los países pobres. La desigual distribución del poder que afecta a miles de millones de seres humanos tiene números que encierran horror:

sobre 6.000 millones de personas que pueblan este planeta, sólo 1.000 millones viven en economías desarrolladas capaces de proveer a todos sus habitantes de educación, seguridad y justicia de manera equitativa. Un total de 5.000 millones sobreviven en áreas subdesarrolladas sin derecho a una vida digna.

Desde el final de la Segunda Guerra el Mundo se ha dividido entre capitalismo y comunismo, Norte y Sur.Pero ahora, en la medida que estas divisiones han perdido significado surge una nueva categorización: países rápidos y países lentos. Esto significa economías rápidas y economías lentas. Los organismos primitivos poseen sistemas neurales lentos. Una iguana por ejemplo, es mucho más lenta desde el punto de vista biológico que un conejo. Los sistemas neurales más evolucionados procesan información más rápidamente. Lo mismo puede observarse en las economías primitivas, (subdesarrolladas) respecto a las avanzadas.

En los sistemas económicos rápidos, la tecnología acelera el ciclo productivo que viene determinado por la velocidad de las transacciones, el tiempo necesario para la toma de decisiones -en especial en inversiones-, la velocidad a la cual se crean las nuevas ideas en laboratorios, el ritmo al que se aplican en el mercado, la velocidad de los flujos de capital y sobre todo, la velocidad con la cual los datos fluyen a través del sistema económico.

Las economías desarrolladas invierten altos porcentajes de su riqueza en educación, investigación, desarrollo y conocimiento. Las economías subdesarrolladas invierten muy poco en estos campos de actividad. Los cambios tecnológicos son aquí muy lentos y llegan a muy poca gente. Las economías desarrolladas presentan alto poder adquisitivo con excelentes sistemas de salud, seguridad y educación para la mayor parte de sus ciudadanos.

Las naciones que han logrado atravesar la frontera que separa la miseria de la riqueza han logrado en el fondo resolver la ecuación EFICIENCIA CON JUSTICIA SOCIAL. Eficiencia del capitalismo, sistema de organización económico, social, jurídico y cultural con 300 años de evolución histórica, y Justicia Social, conceptos éstos que los argentinos no hemos logrado conjugar. Conceptos reconocidos y sostenidos por la Iglesia desde su origen.

Las economías desarrolladas luego de la caída del muro de Berlín en 1989 funcionan en tiempo real. Prueba de ello son las redes de datos inteligentes, robots accionados a distancia, derivados financieros, opciones de inversión en bonos públicos y privados, inversiones en maquinaria y equipo, infraestructura, en suma: la informatización del capital. Esta es la base del ciclo económico que caracteriza a las economías rápidas sobre las lentas. La demanda en tiempo real llega a las fábricas sobre stocks en tiempo real. No se acumula ni un tornillo que no se precise en las próximas 24 horas. Y no falta un solo clavo en las estanterías cuando se requiere. Los lectores ópticos unen oferta y demanda a cada momento.

El efecto aceleración, genera que cada unidad de tiempo que se ahorre en localizar aquel tornillo o este clavo hace que la última unidad producida produzca un salto de realimentación positiva que aumenta a su vez la aceleración. De esta manera, el trabajo, la gestión, las finanzas en tiempo real cambian por completo el mapa de la producción que conocimos hasta ahora.

Este incremento en la velocidad con que se producen los procesos neurales en los países de alta tecnología, los aleja de manera irremediable de las economías más lentas.

El nuevo sistema de creación de riqueza se compone de una creciente red mundial de mercados, bancos, centros de fabricación y laboratorios que trabajan de forma asociada. Esta es la nueva economía rápida de hoy. Es una maquinaria de alta precisión y una nueva fuente de progreso económico. Desacoplarnos de ella es excluirnos del futuro y el camino más seguro al atraso y la pobreza. Desgraciadamente éste es el destino al que muchos países menos desarrollados se enfrentan.

Hoy, los países que desean vender en el mundo, tienen que operar al ritmo de aquellos que están en situación de comprar. Y los países que están en situación de comprar exigen ritmos de calidad, cantidad y costos ajustados a su demanda. Si las economías de los países menos rápidos no ajustan sus tiempos a esta demanda, sencillamente pierden posibilidad de venta. El creciente costo de la falta de confianza, negociaciones interminables y control de gestión inadecuado reducen las ventajas competitivas en los países pobres como la Argentina. Lo mismo sucede con los gastos motivados en retrasos, irregularidades, burocracia y lentos procesos en la toma de decisiones. La rapidez a la hora de optar ha pasado a ser una variable central en las economías de rápido crecimiento.

El nuevo escenario económico es claro: proveedores extranjeros y nacionales que operan en países subdesarrollados deben modernizar sus tecnologías para cumplir las normas de rapidez exigibles en cada momento. De no cumplir este requisito se verán apartados de los mercados internacionales.

La competitividad es un concepto que no se sostiene más en los pilares de décadas pasadas cuando bastaba un tipo de cambio oportuno para vender materia prima a granel. Ha cambiado el metabolismo del sistema económico mundial. Esto significa que cada año se precisa de menor cantidad de materia prima para abastecer a las industrias de los países ricos. En 2000 Japón requirió solamente el 40 por ciento de las materias primas importadas por ese mismo país durante la década de los ´90. Las nuevas tecnologías requieren menos acero, menos trigo, menos soja, menos petróleo, menos carne.

Las economías desarrolladas se basan en el conocimiento aplicado a procesos tecnológicos y de gestión. Por ello el progreso en la actual fase de capitalismo global va asociado a fuertes inversiones en áreas críticas de nuevas tecnologías. Los costos de mano de obra bajan dramáticamente año tras año debido a los avances en tecnología aplicada. Es por esta razón que es más rentable explotar una fábrica en Japón, Francia, Canadá o Estados Unidos que en Argentina, Brasil o Bolivia. Sin embargo, la Argentina, Brasil y Bolivia están repletos de trabajadores mal pagos. La mano de obra barata ya no es una ventaja competitiva en el mundo actual.

Si las dirigencias políticas, gremiales y empresarias de nuestros países no entiendan estos cambios, nos estarán condenando a una situación de pobreza perpetua. Biotecnología, nuevos materiales, hiperconductores, telecomunicaciones, transporte, turismo, son las áreas de mayor potencial, precisamente porque poseen mayor reserva de aceleración por cada dólar invertido.

La globalización es solamente una fase en la evolución del capitalismo, sistema que lleva 300 años de recorrido sorteando de manera eficiente a otros sistemas que compitieron en el pasado (fascismo, comunismo, feudalismo, etc.). No es el mejor de los sistemas pero es el que tenemos. Es con el cual contamos. Entenderlo es como contar con una brújula en medio del océano.

(*) Daniel Viglione es profesor de periodismo económico en el Instituto TEA. Corresponsal de la agencia de noticias económicas NOSIS (www.nosis.com)

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Categorías: dinero