“Sería mezquino no tener esperanzas”

(Por Sergio Kisielewsky) En esta entrevista el sociólogo e historiador Horacio González opina sobre la asunción del nuevo gobierno y las primeras medidas del Ejecutivo. González es autor de varios libros vinculados a la investigación de las ciencias sociales y dirige una colección en la Editorial Colihue.

- ¿Qué le pareció el discurso de Kirchner?
- Temo decir que me gustó. Si hay que decir esto supone una expresión decidida en un marco de cosas diluidas, cambiantes, riesgosas y con una clase política a la que entre tantos otros, yo sometí a un duro veridicto en cuanto a su capacidad de hacerse cargo de los problemas del país.
Pero aquí tenemos a este sector de políticos que de algún modo a través de un atajo muy complejo se hace cargo de las reglas del gobierno, situaciones muy problemáticas, complicadas que exigen mucho más de lo que uno imagina que disponen, en cuanto a imaginación política esta nueva camada de políticos en el Estado.
El discurso hay que verlo en relación a un conjunto de discursos que han ocurrido a lo largo de las últimas tres semanas.
Los discursos de la campaña de Kirchner, el debate sobre el pasado, el modo en que flotaban las acusaciones de repetir el pasado, el modo en que Kirchner aludía a su pasado militante.
Podemos ver estos momentos como una cierta discusión sobre 1973. Sobre los años 70.

- ¿Le trajo a la memoria aquellos hechos?
- Si. Ahi hay un cierto camporismo en el sentido de fragilidad gubernamental y acechanzas de todo tipo. Y cierta discursividad auspiciosa de la cual no se sabe si va a poder enlazar los verdaderos problemas que enuncia, y convertirlos en acciones colectivamente relevantes.
De modo que los discursos se van articulando.
Incluso el discurso de la Catedral, del arzobispo, es pasar a una sutil hermenéutica religiosa y con tres parrafitos de la Biblia armó un discurso típicamente eclesiástico, Debo decir que no es de los que me gustan pero también aludió por esa via alegórica a la cuestión del hambre.
E incluimos el discurso de Fidel Castro, discursos de distintas naturalezas pero plantean lo que yo llamaría un horizonte discursivo.
A partir de allí comenzamos a hablar a cotejar, a medir lo que va pasando.

- ¿El arzobispo, el discurso de Brinzoni, no funcionan como un cerco sobre el Presidente?
- Sí. Discuten punto por punto a través de la hermenéutica de raíz militar, eclesiástica.
El discurso de Brinzoni vuelve al tema del 70 o sea a cómo interpretar el pasado y se va con amenazas. Es decir, es hijo del rencor. No futuro sino pasado.
De modo que hay una disputa en cómo definir tanto el pasado como el futuro. Esa es la disputa.
Por lo tanto es una disputa por definir los niveles de justicial social real que va a tener el país.

- ¿Hay una suerte de oxigeno en esta serie de medidas que está tomando el nuevo mandatario, hay una expectativa?
- Hay una expectativa y yo me incluyo porque sería muy deficiente no tenerla. Sería muy pobre no tenerla y de una mezquindad que no me toleraría a mi mismo.
Expectativas tengo, que tiene ciertos condimentos de ingenuidad y otros de esperanzas, componentes oscuros de deseos y por otro lado ciertas posibilidades que de no cumplirse haria irreversible la posibilidad de considerar a la Argentina un país con cierta autonomía, con cierta capacidad de decisión y con cierta esperanza de vida de resolver problemas de millones de personas.
Problemas de sustento, de realización personal y grupal, problemas laborales, de empleo. Problemas de la existencia colectiva.
Hay ciertos indicios favorables con la paradoja de la presencia de una clase politica que tomados individualmente en el pasado, ninguno de ellos se destacó por grandes ejercicios de la imaginación politica ni los recordaremos como grandes artífices de soluciones imaginativas.
En esta nueva situación, original y desprotegida, no tiene pilares sociales muy sólidos. Es una situación diría discursiva y muy imantada porque está imantada de viejas palabras que todas ellas tienen su adherencia en la memoria colectiva.

- Da la impresión que el Presidente va a decir algo.
- Se apartó del discurso ageográfico, a la anulación de los santos. No mencionó a Perón, no hizo invocaciones legendarias. No se respaldó en sapiencias técnicas de dudosa validez. Se mantuvo en una zona de las palabras habituales de un politico con ganas de hacer cosas nuevas. No ritualizó el discurso y no apeló a la jerga técnica del politólogo. Esto último era la deficiencia que padecían las alianzas anteriores, el Frepaso, etc. y por otro lado, lo legendario, la deficiencia que padecía el menemismo. Se ha apartado de esas dos cosas.

- Habló de la generación diezmada y en el programa de Mirtha Legrand le puso límites a la conductora cuando habló de “zurdaje”. ¿Cómo interpreta esta actitud?
- Estuve atento en esa semana desarrolló pequeños duelos con el lenguaje donde aquí se preparan artificios represivos.
Hay un poder comunicacional que abarca poderes muy fuertes en otros menos. Evidentemente el Canal 9, La Nación, Radio 10. El discurso de Brinzoni articuló el primer descontento.
Hay ciertos hilos fuertes del destino que conducen ahi y en mi opinión deben conducir a revalorizar el pasado y los militantes del pasado. Y dirigir con la inspiración que pueda dar ese pasado hacia temas nuevos y formulaciones nuevas.

- ¿Cómo vivió usted la presencia de Fidel Castro en la Argentina?
- Con mucho interés. Su discurso fue una formidable pieza de la cual haría observaciones sobre el encuadre educativo, de salud.
Pero abre discusiones formidables en Argentina, que habría que retomar, de modo que es la voz del Estado cuidando, pastoralmente, las zonas desprotegidas de la sociedad.
Para la Argentina de Sarmiento es un desafío enorme.
Lo puedo ver como un estímulo moral e intelectual para el ejercicio de la política en la Argentina.

- ¿Cual es rol de los pensadores en esta etapa?
- Cómo va a tratar mas contundentes y mas imaginativos. La Educación, la Universidad, la ciencia, la técnica. De las industrias culturales y de las tradiciones politico literarias de Argentina. Es tarea del Presidente de la Nación dialogar con esas tradiciones.
Son tradiciones míticas, son un patrimonio enorme. Aquí lo hubo y está desvencijado, diluido o diezmado.
La tradición nacional y popular y otras deben anudarse en un gran congreso de ideas. Congreso de ideas lo llamo a la redefinición de la propia idea de Nación.

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Categorías: politica