hablemos del juego

El deporte del siglo XXI se concibe desde una trilogía juego - espectáculo - negocio. En su definición más básica, el diccionario castellano lo resume como “ejercicio con pruebas de agilidad, fuerza y destreza / Recreación, pasatiempo al aire libre”. Entonces, y sin intención de reflotar viejas polémicas: ¿es deporte el boxeo? No el amateur, donde los púgiles combaten con protectores cabezales y la duración de las peleas es menor. El profesional, la carnicería millonaria que lleva contabilizados centenares de muertos y personas con consecuencias físicas irrecuperables. Ese “espectáculo” que busca la destrucción del rival, donde giran las apuestas tratando de acertar en cuál asalto caerá uno de los dos, quizá inconsciente, tal vez descerebrado; ese show inhumano donde es común escuchar “mátalo”, “destrózalo” y otras palabras que no tienen nada que ver con aquellas que menciona el diccionario de la Real Academia en su definición de “deporte”. Aunque sus defensores usen palabras pomposas como “valentía”, “coraje” o “dignidad”, el boxeo realmente destaca ese vínculo animal con la cadena evolutiva.

“En el boxeo vas a la guerra y en la guerra debes estar preparado para morir”, dijo el boxeador Gerald McClellan… dos días antes de caer en coma bajo los puños del británico Nigel Benn. Ese combate marcó el comienzo de una triste y corta vida, ciego y en silla de ruedas. ¿Quién sale a una cancha de fútbol o a una pista de atletismo dispuesto a morir? Desde 1884 el boxeo contabiliza más de 600 muertos. Deporte es otra cosa…

Decir que el boxeo es una actividad denigrante del ser humano, lejos de cualquier consideración deportiva está muy bien, pero hay que llevar esa creencia a la práctica, lo que no es tan fácil. Un ejemplo digno es el que pregona desde sus páginas el diario madrileño El País, que en su Manual de Estilo advierte sin vueltas que “El periódico no publica informaciones sobre competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión”.

El salvajismo manifiesto del boxeo hace evidente su antideportividad. Pero hay otros casos, más sutiles, en los que se nos presenta el dilema de si realmente hacemos periodismo deportivo o si estamos informando sobre un hecho meramente comercial, y, sin quererlo, siendo usados como un mero instrumento publicitario. La Fórmula Uno es un ejemplo, donde lo deportivo queda relegado por las ganancias, algo que ni siquiera se pretende ocultar. Recordemos lo que ocurrió la temporada pasada en la Gran Premio de Austria, cuando la escudería Ferrari decidió que Rubens Barrichello debía dejarle la punta a su compañero Michael Schumacher. Se discutió mucho sobre la actitud que debió tomar el brasileño, si hizo lo correcto porque de algún modo es un “empleado” de Ferrari; se polemizó sobre la actitud del campeón alemán, seguramente en un rapto de vergüenza y orgullo deportivo, que le cedió a su compañero el escalón más alto del podio… pero se escucharon pocas voces diciendo las cosas co
mo son: que todos los amantes del deporte fuimos burlados en nuestra buena fe; y ni hablar los apostadores, a quienes debieron devolverles cada dólar colocado.

¿Qué sentido tiene que sigamos comentando en las páginas deportivas las hazañas que parecen ser digitadas, los arrestos de coraje contenidos por pedido expreso del jefe de una escudería? Aquí reaparece el tema del rol del periodismo deportivo. Si en la Fórmula Uno estas maniobras se justifican en pos de un éxito comercial-económico, entonces este espectáculo se aleja de la idea de deporte y calzaría mejor reflejarlo en las páginas económicas.

Porque si bien el periodista deportivo debe conocer a fondo las vueltas de los negocios que giran en derredor (y también dentro) del deporte, su tarea debe abstraerse de ellos. Aunque el fútbol se haya convertido en una fuente de divisas impresionante de la mano de los derechos de televisación, el oficio del periodista sigue siendo el de contar, ante todo, lo que pasa dentro de la cancha durante los 90 minutos de juego. Todo lo demás puede tener mayor o menor trascendencia, pero es colateral. Nosotros hablemos del juego…

::: PABLO ARO GERALDES ES PERIODISTA Y PROFESOR DEL CURSO DE PERIODISMO DEPORTIVO Y DEL TALLER DE REDACCIÓN PERIODÍSTICA DE PERIODISMO.NET.

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Categorías: deportes