Hegel, jugador y deportista
(por Pablo Arnaldez*) No caben dudas de lo que ha significado Hegel para la historia del pensamiento filosófico moderno. Sus ideas han sido ampliamente difundidas y analizadas… Sin embargo, sobre sus características personales se conoce muy poco, siendo él mismo el encargado de no transmitir jamás nada que tenga alguna importancia o relevancia sobre su vida privada. De todos modos, se le han descubierto ciertas “debilidades”; o hobbies relacionados con los juegos y los deportes.
Desde muy joven, Hegel se deleitaba con juegos de cartas. Tanto es así que tiempo después, en Francfort, escribió algunas observaciones sobre estos juegos, en las que argumentaba que para ser un buen jugador se requería una mezcla de intelecto y pasión. Le gustaba reunirse con amigos, conocidos y estudiantes para conversar y jugar.
Otra de las pasiones de Hegel fue el Ajedrez. Aseveraba que era un “educador del raciocinio”. Al igual que Kant, disfrutaba muchísimo practicándolo. Un juego elevado al status de deporte. Por eso, y teniendo en cuenta la rapidez mental que demostraba en cada juego, se puede decir que Hegel fue un gran deportista. Un eximio ajedrecista al que no le gustaba para nada perder una partida. Su humor era caprichoso. Y hasta arrebatos de ira y violencia ha tenido ante alguna derrota.
Pero la bronca se le pasaba en la mesa. Amante de las buenas comidas y, sobre todas las cosas, del buen vino (”El vino fue siempre un gran
aliado de la filosofía…”), digería algún traspié deportivo amenizando con sus compañeros de cena.
Hegel inhalaba muchísimo tabaco, y para algunos de sus contemporáneos quizá fumaba alguna “cosa indecorosa” también. Un íntimo suyo cuenta que en una oportunidad “se había generado el gran problema respecto de si él tenía el hábito de fumar, y se resolvió el enigma argumentando que una vez, mientras se encontraba con amigos, había ido a la cocina a encenderse una pipa de terracota (arcilla modelada y endurecida al horno)”.
El origen del Ajedrez
Son varias las versiones del origen de este juego/deporte. Una de ellas dice que durante el sitio de Troya el griego Palamedes lo creó con el objeto de que los guerreros se distrajeran en los momentos de descanso.
Otra teoría que cuenta con muchos adherentes es que los mentores del Ajedrez hayan sido los chinos o los persas, quienes lo habrían llevado a Arabia; siendo conocido en Europa después de las Cruzadas.
Una versión distinta asegura que su inventor se lo presentó a su soberano y que éste encantado por tan ingenioso juego le ofreció la recompensa que quisiera. El pedido fue un grano de trigo por el primer Escaque o Casilla, dos para el segundo, cuatro para el tercero y así sucesivamente duplicando por las cantidades hasta la última casilla número 64. El soberano consideró humilde la petición y decidió cumplirla de inmediato. La gran sorpresa se la llevó al realizar el cálculo: descubrió que ni todos sus graneros le hubiesen alcanzado para satisfacer dicho requerimiento, pues equivaldría a un cubo lleno de trigo de un kilómetro de largo…
No suena extraño entonces que una mente tan brillante como la de Hegel se haya interesado tanto en este apasionante juego. Y mucho menos, teniendo en cuenta su capacidad intelectual, que lo haya practicado con éxito.
* Periodista, miembro del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos
Aires y de la FELAP (Federación Latinoamericana de Periodistas), asociada a
la UNESCO.
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Categorías: cultura