Teoría, práctica y límites del teletrabajo periodístico
Ponencia presentada por el director de Periodismo.com en el Congreso Iberoamericano de Teletrabajo. Diego Rottman propone explorar la relación entre el periodismo y el trabajo a distancia desde sus aspectos teóricos y prácticos para, finalmente, precisar su área de acción.
(por Diego Rottman)
Introducción
El periodismo “teletrabajó” desde los inicios de su profesionalización, en la segunda mitad del siglo XIX. Las nuevas herramientas que aparecieron con la revolución de Internet sirvieron para potenciar y masificar recursos preexistentes.
Desde el punto de vista teórico, este trabajo confirmará algunas creencias y refutará otras, intentando definir el teletrabajo periodístico, más que como un imperativo académico, como un punto de partida para sus implementaciones.
Así, en el espacio destinado a la práctica, resultará útil recorrer todo el proceso de producción periodística a partir de casos, para entender las reglas que hicieron que se adoptara esa modalidad por sobre otra.
Finalmente, las experiencias estudiadas permitirán concluir sobre hasta dónde llega la capacidad del periodismo para desarrollarse lejos de un centro, si ese centro puede desaparecer y qué se puede esperar del teletrabajo en los próximos años.
Antes de empezar a recorrer estos tópicos, dos aclaraciones importantes:
1) aunque con límites precisos, la fusión del periodismo y el teletrabajo es un campo demasiado amplio. Y dar cuenta de reglas generales, puede excluir muchos elementos. No es lo mismo una radio comunitaria que un multimedios transnacional. El periodista freelance no teletrabaja igual que su colega en relación de dependencia. El corresponsal de guerra de un diario es tan teletrabajador como un productor de contenidos de Internet, pero es claro que sus rutinas productivas divergen. No se profundizará, entonces, en las distintas categorías de teletrabajos y teletrabajadores periodísticos, aunque sí se intentará ser lo más preciso posible en los aspectos abordados. Es decir, se “generalizará con precisión”.
2) El periodismo recorre transversalmente los distintos soportes mediáticos. El teletrabajo no es privativo de la radio, la televisión o la web. Sin embargo, la mayoría de los ejemplos que se desarrollarán tendrán que ver con Internet y con los diarios y revistas. Nuestra experiencia en este terreno y la mayor cantidad de casos, nos habilitan a focalizarnos en la gráfica impresa y electrónica.
Teoría
Que el periodista tenga que reportar a la redacción desde el lugar de los hechos habla de los dos elementos constituyentes del teletrabajo: un nodo remoto y un centro. Es decir, en la profesión periodística el teletrabajo está implícito. A mediados del siglo XIX Inglaterra impulsa un periodismo más profesional, acorde con los tiempos que se vivían. El invento del telégrafo, de la rotativa, del teletipo y del teléfono suministraron sucesivos instrumentos técnicos para satisfacer unas demandas que, conforme avanzaba el siglo, se hacían imparables. “El periodismo, casi sin dudar, se instaló dentro de esta onda expansiva del colonialismo europeo y debía satisfacer a públicos ansiosos de absorber los vaivenes de un tiempo abrumado de novedades”, escribe el periodista Rafael Otano.
Si hubiera que poner un mojón para definir el primer teletrabajo periodístico, habría que situarlo por aquellos años: en 1853, el diario londinense “The Times” envía al irlandés William Howard Russell como corresponsal para cubrir la Guerra de Crimea. En esa misma guerra se estrenó el reportaje fotográfico con el trabajo del inglés Roger Feston. Por esas fechas aparecieron también los primeros reporteros de agencias y los corresponsales en el extranjero.
Así que, como vemos, el periodismo no es un recién llegado al teletrabajo. Pero también hay que remarcar su papel pionero en el uso de toda tecnología que sirva para acortar distancias. El argumento obvio es la reducción de costos, como en el resto de las profesiones u oficios que adoptan el teletrabajo, pero en los trabajadores de la información se suma la premura: a menor tiempo de envío de una información mayor valor para una noticia.
Otro argumento esgrimido es el abaratamiento de la tecnología que permitió que los medios masivos adoptaran las herramientas del teletrabajo, pero también hay que prestar atención a la democratización de estas herramientas. En 1853 solo “The Times” podía darse el lujo de mandar un corresponsal. El abaratamiento y popularización de las nuevas tecnologías no sólo le permiten hoy a “The Times” reportar desde cualquier guerra más barato, más rápido y mejor, sino que cada vez son más los medios o individuos que pueden hacer lo mismo con una escala de producción mucho más pequeña. “Todos somos iguales ante el email”. Un periodista como Matt Drudge se adelantó a la prensa mainstream cuando reveló el affaire “Clinton-Lewinsky” teniendo por toda infraestructura un sitio web.
El 11-S fue la experiencia cumbre en este sentido. Los grandes portales de Internet compitieron a la par de los sitios medianos o pequeños para reportar el minuto a minuto de esa infausta mañana y muchas veces perdieron. Diarios como “El País” o “El Mundo” de España pudieron desarrollar impactantes animaciones de los aviones que explicaron como nunca antes se había hecho, un suceso noticioso. Pero sus sitios se colgaron y sus complejos sistemas de carga de noticias, sufrieron retrasos en comparación con sistemas más modestos, pero más eficaces, como el de nuestro portal Periodismo.com. Que los periodistas de Editorial Perfil ese día eligieran informarse a través de nuestro sitio es el mejor ejemplo de las consecuencias democratizadoras de la web o el email.
Pero que el periodismo sea teletrabajo puro, no nos exime de explicar mejor su dinámica. Puesto a describir el papel del teletrabajador periodístico, el especialista Emilio Sáez Soro, piensa en “una persona especializada en áreas concretas del conocimiento, que elabora noticias o reportajes sobre ese tipo de temas, que trabaja como freelance, autónomo, a media jornada o para varios medios al mismo tiempo, y que usa intensivamente las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs). De ellas se nutre para obtener la información de su trabajo (a través de la consulta de páginas web, listas de correo, mensajes personales, foros de debate, etc.). A este profesional, que vive en el medio urbano, le gustaría irse a una casa en el campo, la montaña o la playa, pero por muchos motivos se hace realmente complejo. Y, lo mejor, suele tener un proyecto propio (en marcha o en el cajón) de un ‘cibermedio’”. Esta definición nos obliga a hacer algunas precisiones y despejar algunos mitos:
1) Internet no es la única herramienta para el teletrabajo: esto, que puede parecer una obviedad, debe ser aclarado para evitar confusiones posteriores. Aunque Internet es el canal ideal para la transmisión y consulta de información, un periodista puede mandar sus informes por fax o hasta por correo ordinario y puede conseguir información en una biblioteca o en la oficina de una fuente. Irónicamente, hace menos de una década había que esforzarse para explicar el uso del email o como buscar información en la primitiva web. Hoy, los métodos más populares por aquellos días, pasaron a ser lo atípico.
De hecho, hay sistemas de teletrabajo construidos independientemente de Internet. La Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), por ejemplo, es una red de radios comunitarias compuesta por 95 emisoras en 17 países de América latina y el caribe, cuyo canal de contacto es el teléfono y la radio. Algunas de sus emisoras transmiten a pueblos en donde Internet ni siquiera existe. “La radio tiene la virtud de poder llegar hasta el último rincón de la complicada geografía de nuestros países: en muchos lugares de Latinoamérica es el único medio de relacionamiento que tiene la población. En países como los nuestros donde se excluyen a grandes sectores, la radio tiene la capacidad de contribuir a articular a estos sectores entre sí y vincularlos con propuestas y proyectos de alcance nacional.”, explica Ladislao Mello, secretario Ejecutivo de ALER.
2) No confundir teletrabajo con trabajo desde el hogar: al menos no necesariamente. Claro que un colaborador freelance de un medio, que envía sus notas por email a la redacción es un teletrabajador. Pero también, y sobre todo, teletrabajador periodístico es aquel profesional que reporta desde el lugar de los hechos. Como el corresponsal de guerra o el movilero citados, pero también como el comentarista de fútbol o quien informa desde la Bolsa. Es claro que esto no se aplica a todas las ramas del periodismo: un cronista deberá estar “donde las cosas pasen”, mientras que un editorialista o columnista puede trabajar desde su casa. En este sentido, el columnista político de las revista “Noticias” James Neilson es otro ejemplo de teletrabajador: escribe sus artículos desde Pinamar, una zona de playa a 350 km. de la ciudad de Buenos Aires, centro neurálgico de la toma de decisiones.
3) No confundir freelance con teletrabajador periodístico: como ya se ejemplificó, en periodismo teletrabajador no es sinónimo de trabajador independiente. Desde ya que el colaborador de un medio seguramente trabajará alejado de la redacción pero, como se vio, también lo hacen otros trabajadores de prensa, muchos de ellos en relación de dependencia con la empresa periodística y con un horario a cumplir, obligación de la que está eximido el freelance.
4) No confundir periodista digital con teletrabajador periodístico: este es otro malentendido en el que se suele caer, el de igualar al periodista que trabaja para un portal de Internet con un teletrabajador. Un alto porcentaje de los llamados “periodistas digitales” cumplen tareas en redacciones similares a las de los medios impresos y, como se vio, los teletrabajadores no necesariamente son periodistas digitales.
5) No confundir periodismo con “escribir notas”: después de leer las precisiones anteriores, ésta puede sonar redundante, pero ya vimos que hasta los especialistas suelen identificar al periodista con alguien que “elabora noticias o reportajes”. Una infografía es periodismo, una foto puede ser periodismo y hasta caricaturas como las de Hermenegildo Sabat muchas veces pueden superar a dos páginas escritas por un analista político. Identificar al periodismo con los medios gráficos (impresos o electrónicos) y a éstos con las notas o las noticias es empobrecerlo. Encontrar la amplitud de la labor periodística nos ayudará a entender mejor su desempeño remoto.
6) No confundir la virtualidad de la información con la realidad de su objeto: o, en otras palabras, la información es virtual, su objeto no. La noticias no tienen materialidad más allá de su soporte, pero el texto periodístico remite a una realidad que nada tiene de virtual: una manifestación, un partido de fútbol o un presidente son convertidas por el periodista en la crónica de una manifestación, el relato de un partido de fútbol o el reportaje a un presidente. El emisor, como una especie de lector privilegiado de acontecimientos, construye “mundos posibles” que se manifiestan en forma de noticias. Nos interesa para nuestro tema entender que lo que se transmite entre el teletrabajador y la redacción no es el acontecimiento sino su construcción. Aun en la transmisión en directo del corte de una ruta, lo que el teletrabajador está dando a conocer es su representación virtual de ese acontecimiento.
7) No confundir teletrabajo con “trabajo a distancia”: elegimos esta provocativa afirmación porque nos parece necesario, especialmente en el trabajo periodístico, remarcar que no alcanza con que dos personas estén una lejos de la otra para ser teletrabajadores. Para ejemplificar: los grandes diarios del mundo funcionan en edificios con varios pisos y no es para nada infrecuente que, en lugar de utilizar el ascensor, recurran a las intranets para comunicarse. ¿Podemos decir que son teletrabajadores? No. Ambos están trabajando en la redacción. Aunque la distancia entre el último piso y la planta baja de un diario sea equivalente a una cuadra no podemos definir a esta relación como teletrabajo.
Estas premisas nos permiten ir arriesgando una definición de teletrabajo periodístico:
Teletrabajo periodístico es un ocupación retribuida que consiste en la elaboración, transmisión y/o recepción de textos, audios y/o imágenes con fines informativos desde el lugar donde se genera la noticia o desde un espacio distinto al del ámbito donde se centraliza la realización de un producto periodístico
Desglosemos la definición:
Ocupación retribuida: es trabajo en la medida en que quien la realiza recibe una retribución a cambio.
Elaboración, transmisión y/o recepción: el teletrabajador no sólo envía su material, también recibe (una investigación o las directrices de un productor radiofónico) y elabora (escritura de una nota). El teletrabajador puede realizar cualquiera o todas estas actividades.
Textos, audios y/o imágenes: las tres grandes categorías que puede constituir un insumo periodístico o su producto terminado.
Con fines informativos: acota el proceso, limitándolo a los objetivos de la actividad periodística.
Desde el lugar donde se genera la noticia: la aclaración no era imprescindible, pero preferimos incluirla porque es distintiva del hacer periodístico.
O desde un espacio distinto al del ámbito donde se centraliza la realización de un producto periodístico: se define por negación, es teletrabajo si no se hace en la redacción del medio. Se prefirió “ámbito donde se centraliza la realización de un producto periodístico” y no “redacción” porque este término se identifica más con la gráfica que con la radio o la tv. Finalmente, se destaca que el objetivo final es la realización de un producto periodístico.
Se omitió expresamente:
El destino: la definición toma el punto de vista del teletrabajador (“desde el lugar donde se genera la noticia o desde un espacio distinto al del ámbito donde se centraliza la realización de un producto periodístico”), pero no se dice el punto de llegada, ya que no siempre es el medio. Puede ser, por ejemplo, un sitio de referencia de la web o la llamada telefónica al actor de una noticia.
TIC: la definición ignora toda mención a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), tan recurrentes en los estudios sobre teletrabajo, ya que considera al correo ordinario o a una biblioteca tradicional como, respectivamente, canal y ámbito, para el teletrabajo
Tiempo de trabajo: como no es nuestro objetivo sentar las bases para una legislación sobre el tema, tampoco nos preocupa precisar el tiempo mínimo necesario para considerar a alguien teletrabajador. Desde nuestra óptica alguien puede ser teletrabajador y a la vez (aunque, obviamente, no simultáneamente) trabajar en la redacción (por ejemplo, un enviado especial).
Práctica
Pero todo este entramado de definiciones no alcanzaría si no propusiéramos un enfoque práctico de la cuestión. Puestos a bajar la teoría al ejercicio diario del oficio hemos elegido recorrer el camino de la producción periodística, desde su planificación hasta su publicación. Definiremos cada etapa, analizaremos las posibilidades que puede aportar el teletrabajo y daremos ejemplos concretos en este sentido.
1) Reunión de redacción: con una periodicidad variable (varias veces por día en un diario, mucho menos frecuentemente en una revista) se realizan reuniones de redacción para determinar el contenido del medio primero y para ir ajustándolo con el correr de las horas (o los días) después. En estas reuniones se define el sumario y las líneas de acción. Es la instancia de planificación y se trata de una tarea profundamente centralizada. Cada representante en estas reuniones debe, a su vez, consultar con sus subordinados, lo que complica aún más una comunicación a distancia. Nada impide que estas reuniones se hagan remotamente, mediante un “conference call” o chateando por Internet, pero lo cierto es que no hay experiencias exitosas en este sentido. Hay involucrado mucho de contacto, de charla informal y de serendipia, como para atomizarlo. De todo el proceso de producción periodística, la planificación es la que menos se presta al teletrabajo.
2) Búsqueda de información: el trabajo periodístico ya está asignado y hay que recabar datos, testimonios, material de apoyo y de referencia. El cable de una agencia de noticias, la entrevista a una fuente, estadísticas de un organismo oficial o material de archivo, serán posibles insumos. En esta fase el teletrabajo es ideal: la investigación es un trabajo solitario (o de un pequeño equipo) y la meta es concreta. Aquí se comprueba la validez de nuestra definición: no solo aquellos que trabajan en modo freelance están teletrabajando, los empleados estables del medio saliendo a investigar también lo están. Por ejemplo, los movileros de una radio, más allá de que cumplan horarios fijos, están desarrollando su labor a distancia. Muchas veces pasan más tiempo fuera de la redacción que en ella.
3) La composición y la transmisión de las noticias: los insumos periodísticos obtenidos servirán para la composición (redacción para gráfica e Internet, edición para radio y tv) de la pieza periodística. Si la composición se produce fuera de la redacción, el periodista deberá transmitirla hacia ella. Internet, la digitalización, el abaratamiento de la transmisión satelital ayudan a que el material puede ser recibido casi simultáneamente con la finalización de su composición o, directamente, en crudo (queda para otro trabajo discutir si este material en crudo puede considerarse periodismo). Y los costos de estas tecnologías ya no son inaccesibles: el móvil de radio en la actualidad se puede armar con un teléfono celular, la foto de un gol puede llegar al medio apenas se produce gracias a una cámara digital y una notebook conectada a Internet.
La mayoría de los proyectos de nuestra agencia, DataPress Multimedia funcionan o funcionaron en esta etapa de un modo absolutamente descentralizado: los periodistas, diseñadores, traductores, correctores, fotógrafos e ilustradores producen y envían su material desde sus hogares u oficinas y el producto final se ensambla en nuestra redacción. Con este sistema hemos desarrollado revistas (13/20, Zona Educativa), Libros (“Ramones”, “Nirvana”, “¿Cuál es?”), sitios web (Periodismo.com, Noticias Locas), corresponsalías (Colors, ZDNet), sindicación de contenido (Screaming Media, iSyndicate), distribución de contenido (más de 2000 sitios web utilizan los titulares de Periodismo.com) y hasta enseñanza online de periodismo, a través de la novedosa experiencia Periodismo.net por la que ya se capacitaron desde sus hogares más de 200 personas de todo el mundo.
4) El procesamiento de las noticias: una vez que el fragmento periodístico está cerrado, pasa a formar parte de la matriz total del medio: en tv integrará la rutina de un programa, en gráfica tomará forma con la diagramación y en Internet se procesará con algún sistema de Content Management Systems.
En DataPress Multimedia, gracias al desarrollo de nuestro programa AR123, el periodista puede unificar la etapa anterior, con esta y la siguiente. Es decir, redactar, procesar y publicar una noticia, incluso en diferentes formatos y, lo que es más importante, desde cualquier computadora con conexión a Internet. Esto vuelve ideal para el teletrabajo a este tipo de sistemas, ya que el periodista puede acortar tiempos, costos y trabajar desde el lugar donde se produce la información. Alcanza con tener cerca un cibercafé o poder conectar una notebook a la Red.
Sirva de ejemplo otra experiencia de nuestra agencia, responsable durante 2001 de los contenidos del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Gracias al sistema descripto, los ganadores del Festival iban apareciendo en el sitio web apenas se anunciaban.
5) La publicación: El conjunto del material periodístico integrado atraviesa, finalmente, la etapa de publicación: emisión en radio y tv, diagramación e impresión en grafica impresa y publicación en gráfica electrónica.
Omitiremos de esta descripción el proceso de distribución, por considerarlo ajeno a la labor del periodista.
Como al comienzo del proceso, esta es una etapa donde la centralización es importante: en ambas hay decisiones a tomar por el área jerárquica del medio, muchas veces compartidas. Los “gatekeepers” juegan aquí un papel importante y centralizar permite controlar el material más fácilmente. Por lo tanto, el teletrabajo también es débil en este eslabón de la cadena de producción periodística.
Límites
Cómo se ha visto, hemos intentado delimitar teórica y prácticamente el desarrollo remoto de la profesión periodística.
Pero la descripción no estaría completa si omitimos algunas excepciones que, por diversos motivos (tradición, tecnología o la esencia misma de la profesión), acotan el alcance del teletrabajo en los medios:
1) El bar de la esquina: aunque no figure en el organigrama de ningún medio, las charlas de café, el “radio-pasillo” o las internas entre colegas son el costado invisible de la profesión, pero ocupan un lugar destacado en la dinámica de un medio. El “problema” del teletrabajo, a diferencia del trabajo tradicional, es que no concibe ese espacio de ocio. Y nunca lo hará.
2) Sinergia: el teletrabajo puede dividir las funciones de un medio exitosamente, pero la sinergia que se produce en el trabajo en grupo queda debilitada en lo asincrónico de los procesos remotos y la frialdad de la mediación tecnológica. El todo es más que la suma de las partes.
3) Control: mientras las empresas sigan celosas del control de sus empleados y mientras se privilegie el cumplimiento de un horario por sobre el cumplimiento de objetivos, el teletrabajo seguirá sin imponerse en las redacciones.
4) Fobias: el mismo problema, del otro lado: muchos trabadores quieren ser controlados, necesitan cumplir un horario, les cuesta trabajar desde sus hogares. A ellos tampoco les resultará sencillo adoptar el teletrabajo como modalidad.
5) Weblogs: con la nueva moda de los weblogs, no faltará quien comience a describirlos como una modalidad individual del teletrabajo. Nos apresuramos a relativizarlo:
a) Modalidad individual y teletrabajo no son compatibles: en el teletrabajo intervienen, al menos, dos partes.
b) no es teletrabajo en la medida en que no sea una actividad remunerada (son sitios personales sin fines de lucro).
c) El caso de los weblogs colaborativos como Metafilter, donde su dueño obtiene beneficios económicos, es un poco más complejo: hay nodos (cada usuario que emite un comentario), pero no hay un centro (el responsable del weblog es un nodo más).
d) Weblogs “mainstream” como Slashdot se acercan más a las carácterísticas de lo que definimos como teletrabajo: sus editores cobran sueldo y hay una redacción que filtra los comentarios. Sin embargo los colaboradores/visitantes/teletrabajadores no reciben dinero por su trabajo. Y si lo recibieran, las características descriptas lo harían cruzar la línea que separa al weblog del portal periodístico.
Conclusiones
El periodismo no es un recién llegado al teletrabajo. En los ’70, cuando surge este concepto, los periodistas ya habían desarrollado todo tipo de estrategias para trabajar a distancia. Las nuevas tecnologías permitieron reducir costos, pero también, en el caso del periodismo, llegar al receptor cada vez más rápido.
El teletrabajo periodístico se puede desarrollar desde cualquier punto ajeno al centro del medio, pero es especialmente útil cuando “emite” desde el lugar de los hechos.
Han aparecido soluciones al alcance de los medios medianos y pequeños para las diferentes etapas de producción, pero la definición de la “agenda setting” y el proceso de filtrado de los “gatekeepers” permanecerán necesariamente centralizados.
Finalmente, si se pretende organizar empresas periodísticas que contemplen el teletrabajo como modalidad laboral, será imprescindible atender a elementos “invisibles”, pero que son parte de la rutina establecida en la tradición profesional.
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Categorías: medios